En una final de tintes épicos disputada este domingo 19 de julio, la selección de España se coronó campeona del mundo tras vencer 1-0 a la Argentina de Lionel Messi
El autor de la hazaña fue el delantero Ferrán Torres, quien no solo se llevó el trofeo a casa y el reconocimiento como el jugador del partido, sino que aprovechó los focos de la victoria para reivindicar el motor de su resistencia: su profunda fe católica.
“Lo del gol es lo de menos, ahora mismo lo único que quiero es coger esa copa y estrujarla lo máximo posible. Es el sueño de 47 millones de personas; nos lo merecíamos y lo hemos dado todo”, declaró emocionado al término del encuentro.
«Dios le da las cosas a quien más se lo merece»
Para Torres, el éxito en la cancha está intrínsecamente ligado a su espiritualidad. Ante los cuestionamientos de la prensa y la presión de la justa mundialista, el jugador de 26 años reveló que su fe ha sido su principal refugio.
“Gracias a Dios siempre me da esas fuerzas para seguir y al final, como digo, Dios le da las cosas a quien más se lo merece”, resaltó el delantero, quien días antes de la final se volvió viral en redes sociales al mostrar los símbolos religiosos que lo acompañan. “Tengo la cruz y una Virgen. Al final creo que es algo que me da mucho apoyo, tener muchísima fe y para mí es algo muy importante”, confesó.
Un vestuario marcado por la espiritualidad
La postura de Torres no es un caso aislado dentro del combinado español. El propio director técnico, Luis de la Fuente, ha sido una figura clave en normalizar la expresión de las creencias religiosas dentro del equipo.
Durante la conferencia de prensa previa a las semifinales contra Francia, De la Fuente ya había dejado clara su filosofía de vida y oración, desvinculándola de los resultados deportivos:
«Yo rezo todos los días, pero no porque estoy en un mundial ni pretendo sacar un resultado. Le doy gracias todos los días de que estoy bien, me miro y digo: ‘Otro día más que puedo disfrutar de la vida’. Doy gracias por esos detalles. Rezo porque rezo todos los días, no para que me ayude más».
Con este triunfo histórico en tierras estadounidenses, España no solo borda una nueva estrella en su escudo, sino que deja la postal de un equipo donde la fortaleza mental, el fútbol de élite y las convicciones personales se alinearon para alcanzar la gloria máxima.



