Tras casi 7 siglos cerró en España el convento de las monjas clarisas de la Asunción en Zamora, debido a la avanzada edad de las religiosas y la falta de nuevas vocaciones
“La Diócesis de Zamora lamenta el cierre del convento de Nuestra Señora de la Asunción de Villalobos, cuya comunidad de religiosas clarisas ha quedado extinguida tras la salida de la última monja” el 4 de abril, señala un comunicado diocesano.
La diócesis también agradece profundamente a “las hermanas Clarisas por su vida entregada a Dios y por su testimonio silencioso y fecundo a lo largo de los siglos en Villalobos”.
En cuanto al inmueble, el comunicado diocesano explica que “es propiedad de la congregación, por lo que cualquier decisión sobre su futuro corresponde exclusivamente a la misma”.
Sobre las misas señala que se seguirán celebrando en “la iglesia parroquial, que es el lugar propio y ordinario para la celebración de los sacramentos”, por lo que invitan a todos los fieles a “seguir participando activamente en la vida parroquial”.
El Convento de la Asunción de Villalobos se fundó en el año 1346 mediante bula del Papa Clemente VI, y con el impulso de los señores de Villalobos, Fernando Rodríguez Osorio y su esposa Inés de la Cerda.
Con la salida de las Clarisas no desaparece solo una comunidad, sino una forma de vida que ha sostenido espiritualmente a generaciones enteras.
El monasterio no era únicamente un conjunto arquitectónico ni un elemento del patrimonio histórico. Era un lugar habitado por una vocación concreta: la entrega total a Dios en clausura.
La diócesis ha agradecido el testimonio de las religiosas, subrayando su fidelidad a lo largo de los siglos. La vida parroquial continuará en Villalobos, pero sin la presencia de las Clarisas que durante generaciones marcaron el pulso espiritual del lugar.
El edificio, propiedad de la congregación, queda ahora a la espera de un futuro incierto.
Mientras tanto, lo que permanece no es visible: la memoria de una comunidad que vivió apartada del mundo, pero que sostuvo, desde el silencio, una parte esencial de la vida de la Iglesia durante más de seis siglos.



