En una multitudinaria vigilia en la Plaza de Lima, el Pontífice instó a la juventud española a huir de la mentira, el conformismo y la ambición del poder, invitándolos a ser constructores de una sociedad basada en la justicia y la verdad
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La Plaza de Lima de Madrid se convirtió en el epicentro de la juventud católica española. Ante una marea humana de más de 600.000 jóvenes, el Papa León XIV presidió una vigilia que combinó el ambiente festivo —marcado por los acordes del musical Godspell— con profundos momentos de reflexión y silencio. Durante el encuentro, el Santo Padre instó a las nuevas generaciones a no dejarse arrebatar la vida por la ambición de riqueza, placer o poder, y a convertirse en «chispas de una humanidad nueva».
El arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo Cano, fue el encargado de dar la bienvenida al Pontífice en nombre de la Iglesia joven de toda España. En su saludo, el cardenal destacó el deseo de la juventud de «alzar la mirada para no quedar encerrados en lo inmediato ni en la desesperanza«, agradeciendo la presencia del Papa como un faro que confirma a la comunidad en la fe.
Un diálogo directo sobre las dudas de la juventud
Rompiendo con los moldes de los discursos unidireccionales, el encuentro se desarrolló como un diálogo abierto. Seis jóvenes ejercieron de portavoces de las inquietudes de sus coetáneos. En lugar de limitarse a preguntar sobre doctrina, las jóvenes Marina y María José se interesaron por el recorrido humano y espiritual del propio León XIV.
El Pontífice compartió detalles de sus referentes espirituales, citando a san Juan Crisóstomo, santo Tomás de Villanueva y santo Toribio de Mogrovejo. Sobre este último, quien fuera misionero en Perú, el Papa lo propuso como un «modelo de entrega al pueblo, especialmente a los más pobres«. Asimismo, recordó con emoción sus años de misión en el país andino: «El encuentro con las heridas y las alegrías del pueblo me hicieron crecer en el camino del seguimiento de Jesús«, confesó.
El valor del silencio en la era digital
Una de las intervenciones más aplaudidas fue la respuesta a Mirian, quien planteó la dificultad de reconocer la voz de Dios en un mundo saturado de estímulos. El Papa advirtió sobre los peligros de la desinformación y las falsedades que circulan en las redes sociales, haciendo una firme defensa del silencio.
«Al liberarnos del estruendo de mil voces, reconocemos que algunas engañan nuestros deseos, otras nos compran sin alimentarnos, otras hablan por interés. En el silencio comprendemos que las ideologías pasan, mientras la verdad permanece«, aseveró el Pontífice, animando a los jóvenes a buscar siempre la Verdad.
Para el Papa, herramientas como la oración, la lectura de la Palabra y la adoración eucarística son los espacios idóneos para «liberar el corazón» y entablar un diálogo honesto con Dios.
Coherencia y compromiso social
A preguntas de otros jóvenes como Manuel y María, León XIV abordó la necesidad de dar testimonio de la fe mediante la coherencia de vida. Subrayó que los cristianos no deben ser «prisioneros del tiempo«, sino ciudadanos libres de coacciones, engaños y modas pasajeras. En este sentido, hizo un llamamiento directo a la acción social: «Estáis llamados a dar una nueva dirección a la sociedad, convirtiéndoos en protagonistas del cambio a partir de vuestros vínculos cotidianos: en la familia, en la universidad y en el trabajo».
Hacia el final de la noche, respondiendo a un joven llamado Fernando, el Papa resumió el encargo principal de su visita a España en un mandato rotundo:
«Quiero confiar a todos vosotros una misión: que seáis humanos. Sí, ¡sed humanos!: hombres y mujeres de carne y hueso. No apariencias, sino rostros fiables. Personas que buscan la justicia porque tienen hambre de ella… Sed humanos como lo es Cristo».
La histórica jornada concluyó con un solemne momento de Adoración al Santísimo Sacramento, tras el cual el Pontífice firmó el reverso de la Cruz de los Jóvenes, exhortando a los presentes a actuar como misioneros ante las pobrezas materiales y espirituales del siglo XXI.


