El Pontífice presidirá este domingo una multitudinaria misa y procesión en Madrid, donde se espera la asistencia de un millón y medio de fieles e insta a tomar las calles por el Corpus Christi
En la víspera de su esperado viaje oficial a España, el Papa León XIV ha hecho un llamamiento global a los fieles para que participen activamente en las procesiones del Corpus Christi. Durante su audiencia general de este miércoles en el Vaticano, el Santo Padre instó a la comunidad católica a mantener viva esta tradición secular, definiéndola como un «testimonio de fe pública» fundamental en la sociedad actual.
El llamamiento adquiere una relevancia histórica ante la inminente llegada del Pontífice a la capital española. El próximo domingo 7 de junio, León XIV presidirá la Santa Misa del Corpus Christi y la posterior procesión por las calles de Madrid, un evento de dimensiones multitudinarias en el que las autoridades locales prevén la congregación de más de un millón y medio de peregrinos.
La pedagogía de la liturgia: rito, signo y símbolo
Durante la catequesis semanal, enmarcada en el ciclo de reflexiones sobre la Constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, el Obispo de Roma profundizó en el valor teológico y humano de la sagrada liturgia. Frente a las corrientes contemporáneas que priorizan la espontaneidad individual, el Papa defendió con firmeza la «lógica del rito».
«El rito no es un revestimiento exterior ni un conjunto de ceremonias arbitrarias. Con su sobriedad solemne, interrumpe nuestras actividades frenéticas y nos reconduce a lo esencial, generando un descanso que regenera el corazón.» — León XIV, Papa.
El Pontífice explicó que la estructura de las celebraciones eclesiásticas no busca «encorsetar la libertad», sino actuar como la mediación necesaria para que el don divino alcance la vida cotidiana de las personas.
Un llamamiento a recuperar la capacidad simbólica
En su alocución, el Papa recuperó el pensamiento del teólogo Romano Guardini para señalar uno de los grandes desafíos de la Iglesia contemporánea: la necesidad de que el ser humano «vuelva a ser capaz de símbolos«.
León XIV diferenció entre los signos cotidianos y los símbolos litúrgicos —como el agua bendita—, explicando que estos últimos tienen el poder de remitir a todo un sistema de valores compartidos, creando un sentido real de pertenencia y fortaleciendo las relaciones comunitarias.
El Santo Padre concluyó su intervención exhortando a los fieles a «dejarse educar por los ritos» y a custodiar con esmero la belleza y la solemnidad de las celebraciones litúrgicas.




