Hoy domingo, el Papa León XIV ordenará a ocho nuevos sacerdotes en la Basílica de San Pedro. Detrás de cada uno de ellos hay una vida fascinante, giros inesperados y decisiones radicales
Desde un niño que fue expulsado de la iglesia por travieso, hasta un pianista de éxito internacional; estas son las historias más sorprendentes de los futuros presbíteros.
El «caos» en la carpa: Christian Sguazzino
«¡Un día el vicepárroco nos echó y nos dijo que seríamos excomulgados!»
Christian recuerda con una sonrisa su infancia en la parroquia de San Juan de la Cruz. En aquel entonces, las misas se celebraban en carpas provisionales. Él y sus amigos jugaban al fútbol y luego entraban a la iglesia, donde armaban tanto alboroto que terminaron expulsados. A pesar de sus travesuras, siempre sintió una profunda atracción por el altar y el sagrario. Hoy, aquel niño rebelde está a punto de convertirse en sacerdote.
De las salas de concierto al altar: Daniele Riscica
Con solo 24 años, Daniele era considerado una «nueva promesa del piano internacional«. Tras graduarse en música clásica, su carrera como concertista despegaba con fuerza. Tenía el éxito asegurado, pero sentía un vacío. Decidió entrar al seminario «casi como una prueba» para descubrir qué le faltaba… y allí encontró la verdadera felicidad.
Un mosaico de vocaciones globales
La diversidad de los nuevos sacerdotes refleja una Iglesia global con caminos muy distintos:
Jos Emanuel Nleme Sabate (Camerún): Creció en una familia protestante. Entró a un seminario menor solo porque tenía fama de ser una escuela excelente. Se bautizó a los 12 años y en ese mismo instante decidió su camino. Hoy aprende lenguaje de señas para ayudar a personas con discapacidad.
Yordan Camilo Medina (Colombia): Inspirado por su tío sacerdote, a quien acompañaba desde niño a llevar la comunión a las comunidades de las montañas. Su tío lo acompañó hasta Roma para apoyarlo en su formación.
Guglielmo Lapenna (35 años): Trabajaba en una fábrica de licores hasta que la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia en 2016 cambió su vida por completo. Dejó su empleo y se entregó al seminario.
Antonino Ordine (27 años): Su sueño era ser médico. Sin embargo, tras realizar misiones del Camino Neocatecumenal en Latinoamérica, Oriente Medio e India, descubrió que su verdadera vocación era sanar almas.
Giovanni Emanuele Nunziante (32 años): Vivió su infancia en Inglaterra y de niño jugaba con la idea de ser fraile. Aunque lo olvidó por años, la llamada volvió con fuerza en 2016 al escuchar el Evangelio del Buen Pastor.
Giorgio Larosa (30 años): Una vocación nacida del día a día, gracias a la fe sembrada por sus padres en la parroquia y al ejemplo de la comunidad.




