Una veintena de religiosas del convento de Santo Domingo elaboran este cotizado dulce artesanal a base de almendra marcona y chocolate negro, cuya demanda no deja de crecer
SORIA. — Mientras España fija tradicionalmente su mirada navideña en los turrones de Jijona o Agramunt, en el corazón de Soria se consolida un fenómeno repostero de raigambre celestial. Se trata del Turrón de la Abuela, la receta estrella que las Hermanas Clarisas elaboran cada año en el obrador del convento de Santo Domingo.
Desde mediados de noviembre hasta las vísperas de las fiestas, cerca de veinte religiosas trabajan a pleno rendimiento para satisfacer la creciente demanda de una clientela que trasciende las fronteras provinciales.
El producto se basa en una receta ancestral heredada de las religiosas más mayores y perfeccionada con el tiempo. Aunque los detalles del proceso se guardan con celo conventual, su clave reside en el equilibrio y la calidad de la materia prima. «Es un guirlache con mucha almendra, el doble de lo normal, bañado en chocolate negro», explica Sor María Matilde, una de las religiosas del convento. La base principal es la almendra marcona, reconocida por su sabor superior. «La compramos entera, la molemos, la tostamos y le incorporamos el chocolate», detalla.
Un reclamo que atrae a visitantes de toda España
Pese a que el Turrón de la Abuela también es elaborado por comunidades de la misma orden en localidades como Valdemoro, Valladolid o Valencia, el sello soriano ha logrado una reputación propia. La comunidad prefiere no revelar el volumen exacto de su producción, pero confirma un aumento constante en las ventas que ha atraído a compradores habituales desde puntos tan distantes como Madrid o Toledo.
La vía principal de distribución sigue siendo el tradicional torno del convento de Santo Domingo, además del puesto semanal que las hermanas instalan los jueves en el mercadillo de la capital soriana. No obstante, su alcance se ha ampliado a superficies comerciales locales como el hipermercado E.Leclerc, tiendas del centro de la ciudad y diversos portales de venta de repostería monástica en internet.
Tradición repostera en la red monástica
Aunque el turrón abandona el obrador a las puertas de las fiestas, la oferta navideña de las Clarisas se complementa con mazapanes y polvorones, cuya elaboración arranca a primeros de diciembre. La producción, recuerdan las hermanas, es limitada y de temporada, adaptada a un periodo de consumo muy concreto.
Esta dinámica de apoyo y tradición no es exclusiva de las Clarisas. En la provincia, el Monasterio cisterciense de Santa María de Huerta —famoso por sus mermeladas y dulces de membrillo— colabora con otras comunidades religiosas distribuyendo en su tienda turrones y polvorones elaborados por las monjas del monasterio riojano de Nuestra Señora del Vico, en Arnedo. Un entramado de solidaridad monástica que busca mantener viva la artesanía del dulce frente a las grandes producciones industriales.




