Sectores eclesiásticos recuerdan las raíces paganas y sincréticas de la festividad del 31 de octubre, al tiempo que impulsan celebraciones centradas en la fe y los valores cristianos
Cada año, la llegada de finales de octubre transforma el entorno urbano y digital con disfraces, decoraciones de terror y campañas masivas de mercadotecnia. Sin embargo, la Iglesia católica advierte sobre la necesidad de analizar críticamente el fenómeno de Halloween, al considerar que promueve valores opuestos al mensaje cristiano, tales como el miedo y la exaltación del mal.
De la fiesta celta a la cristianización
El término Halloween proviene de la expresión del inglés antiguo All Hallow’s Eve (Víspera de Todos los Santos). No obstante, sus antecedentes históricos se remontan al siglo VI a.C. con la festividad celta del Samhain, la cual marcaba el fin de las cosechas y el inicio del año nuevo celta. Durante esa noche, existía la creencia de que se abría la frontera entre el mundo de los vivos y los muertos, por lo que la población recurría a disfraces y rituales para ahuyentar a las supuestas amenazas espirituales.
Con la expansión del cristianismo en Europa, la celebración pagana se solapó con la Solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre) y la conmemoración de los Fieles Difuntos (2 de noviembre), dando lugar a una mezcla de tradiciones y supersticiones. Más tarde, la inmigración irlandesa exportó estas costumbres a Estados Unidos, desde donde se popularizaron globalmente.
Miedo, persecución y un mercado millonario
A lo largo de los siglos, la narrativa de la festividad fue cambiando. Ciertas tradiciones populares, como la conocida consigna «truco o trato» (dulce o truco), encuentran sus raíces históricas en episodios de tensión religiosa, como la persecución a la comunidad católica en la Inglaterra del siglo XVI tras las reformas de Enrique VIII.
Por otro lado, la difusión contemporánea de Halloween está impulsada en gran medida por la industria del entretenimiento y el comercio global. Las estimaciones económicas prevén que el mercado de disfraces, dulces y artículos decorativos genere miles de millones de dólares a nivel internacional, consolidando a la festividad como una de las campañas comerciales más lucrativas del año.
«La cultura de Halloween se ha normalizado a tal grado que participamos en un folclore que, en el fondo, contrapone a la fe que exalta el bien y la paz», señalan analistas eclesiales.
La respuesta pastoral: Holywins
Ante el avance del Halloween comercial, diversas comunidades católicas promueven desde hace años la iniciativa Holywins («La santidad vence»). Esta propuesta busca resignificar la víspera de Todos los Santos a través de un enfoque positivo.
Entre las actividades principales de Holywins se encuentran:
Caracterización festiva: Niños y jóvenes se disfrazan de santos o figuras bíblicas en lugar de personajes de terror.
Jornadas comunitarias: Celebración de misas, vigilias de oración, adoración eucarística y eventos culturales en las parroquias.
Evangelización en las calles: Expresiones de fe mediante música, cantos y actividades sociales dirigidas a la comunidad.
La postura eclesial invita a los fieles a diferenciar los aspectos culturales inofensivos de aquellos contrarios a sus valores, sugiriendo asumir la época como una oportunidad para reflexionar sobre la vida, la fe y la memoria de los difuntos desde una perspectiva de esperanza.




