A propósito de un nuevo aniversario del documento firmado en Roma durante el Sínodo Amazónico, el misionero comboniano Darío Bossi repasa la urgencia de defender los derechos indígenas y revertir la crisis climática desde las comunidades de base
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CIUDAD DEL VATICANO — Lo que comenzó como un diálogo informal entre obispos, líderes indígenas y laicos en los pasillos del Sínodo para la Amazonía de 2019 se ha convertido en una hoja de ruta fundamental para la ecología integral y la justicia social en América Latina.
Al cumplirse siete años de la firma del Pacto de las Catacumbas por la Casa Común —suscripto el 20 de octubre de 2019 en las históricas Catacumbas de Santa Domitila de Roma—, la Iglesia Católica renueva su llamado a la acción. Para el padre Darío Bossi, misionero comboniano con dos décadas de labor pastoral y social en Brasil, el compromiso asumido en ese documento es hoy más urgente que nunca.
«La historia del clima cambiará si logramos garantizar la protección de la tierra y de los territorios», advierte Bossi, enfatizando que la crisis ambiental no puede desvincularse de los derechos humanos.
Las heridas abiertas del pulmón del mundo
El documento de 2019 articula 15 compromisos clave que vinculan la protección de la selva amazónica con el diálogo intercultural y una profunda renovación de la vida eclesial (incluyendo el reconocimiento de los ministerios locales, el liderazgo de la mujer y un mayor acceso a los sacramentos).
Sin embargo, las amenazas sobre la región no han cesado. Bossi señala a la expansión desmedida de la agroindustria y la minería como las principales heridas que despojan a la Amazonía, dinámicas que cuestionan directamente los modelos de consumo de los países más desarrollados.
Entre los colectivos más impactados —y que a la vez lideran la resistencia— se encuentran:
Pueblos originarios e indígenas, guardianes ancestrales del ecosistema.
Comunidades afrodescendientes e ikamiabas.
Campesinos y familias agricultoras, cuya subsistencia depende de la tierra.
El «multilateralismo desde abajo»: esperanza y resistencia
A pesar del complejo escenario, el misionero vislumbra señales de esperanza en la articulación de las propias comunidades. Tras años de acompañar luchas territoriales en la Amazonía oriental —zona gravemente golpeada por la minería extractiva—, Bossi destaca la resiliencia de las poblaciones locales para organizarse y hacer oír su voz a escala global.
Haciendo eco del concepto de «multilateralismo desde la base» promovido por la Santa Sede, el religioso resalta el impacto que estos movimientos socioambientales han tenido en foros internacionales clave, como la cumbre climática COP30 realizada en Brasil en 2025.
«Cuando se escucha a los más vulnerables, a las víctimas, descubrimos que son capaces de construir una historia diferente como verdaderos protagonistas», concluye el religioso.
El aniversario del pacto no es solo una efeméride eclesial, sino una llamada de atención global: la protección del medio ambiente exige pasar de las declaraciones solemnes a transformaciones políticas y sociales concretas en defensa de la Tierra y sus habitantes.



