Lo que comenzó en el siglo XIX como un proyecto pionero de educación y rehabilitación para personas con discapacidad auditiva se ha consolidado, con el paso de las décadas, en un modelo de integración educativa y social de referencia

La historia de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada, fundada por la madre Francisca Pascual Doménech (nacida en Moncada en 1833), contempla más de un siglo de dedicación al aprendizaje y desarrollo de niños con necesidades especiales.

Un hito en la educación especial
El compromiso formal del instituto con esta causa se materializó en 1887 con la creación del Colegio San Vicente Ferrer en Valencia, el primer centro de la congregación dedicado a la formación, educación y rehabilitación de personas sordas. La institución adquirió gran reconocimiento por su labor pedagógica orientada a enseñar a hablar a los alumnos con déficit auditivo.
Su prestigio llegó a oídos de la Casa Real española tras el nacimiento en 1908 del infante don Jaime, segundo hijo del rey Alfonso XIII, quien presentaba problemas auditivos. A partir de 1911, y durante casi dos décadas, las hermanas acudieron diariamente al Palacio Real para trabajar en la rehabilitación del infante.
El legado del Dr. Sumsi
La labor de la congregación impactó también al ámbito médico. El doctor José Sumsi, tras conocer el trabajo de las religiosas, decidió en 1910 legar sus bienes a una fundación destinada a atender las necesidades físicas y espirituales de personas ciegas y sordas. Como parte de este proyecto, se edificó un asilo que abrió sus puertas en 1914 bajo el nombre de Asilo de San José para ciegos y sordomudos pobres, encomendado a la gestión de las Franciscanas. En reconocimiento a esta obra, la calle donde se ubicaba el recinto pasó a llamarse calle Dr. Sumsi en 1924.
Hacia la integración total
Con la evolución de los métodos pedagógicos y el compromiso con la inclusión, la institución dio un giro estratégico en el curso 2003-2004. El antiguo centro especializado abrió sus puertas a alumnado normo-oyente, transformándose en el Colegio «San José» Hermanas Franciscanas de la Inmaculada.
Esta transición ha permitido consolidar un espacio de convivencia donde niños y familias con distintas capacidades comparten el aula y sus experiencias cotidianas, marcando un hito en la integración académica y social en la Comunitat Valenciana.



