Con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, Mons. Enrique Benavent insta a la comunidad a mirar este fenómeno desde la fe y el Evangelio, recordando que cada persona vulnerable es un hermano en Cristo
VALENCIA. — Frente a las complejas dinámicas de la movilidad humana global, el arzobispo de Valencia, Mons. Enrique Benavent Vidal, ha dirigido una carta pastoral con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebra este domingo 27 de septiembre. En su mensaje, el prelado invita a toda la comunidad eclesial a situar a las personas desplazadas en el centro de la oración y a superar las lecturas puramente políticas para contemplar la realidad con una profunda mirada de fe y caridad cristiana.
Bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños», la jornada de este año centra su atención de manera prioritaria en la infancia migrante, un colectivo marcado por la extrema vulnerabilidad.
La dignidad del menor en el centro del Evangelio
Mons. Benavent enfatiza que verse forzado a abandonar la patria para garantizar la subsistencia o salvar la vida constituye siempre una tragedia dolorosa. En este contexto, el arzobispo recuerda que, conforme a la Doctrina Social de la Iglesia, los más desfavorecidos ocupan un lugar preferencial en el amor del Padre.
Inspirándose en la enseñanza evangélica de San Marcos —«el que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí»—, la pastoral exhorta a no permanecer indiferentes ante los dramas individuales. Citando el mensaje de la Santa Sede, el arzobispo advierte sobre las desprotecciones acumuladas que sufren los niños migrantes por su triple condición de menores, extranjeros e indefensos, expuestos a graves violaciones de su dignidad como la separación familiar, la explotación o la violencia en las rutas de tránsito.
Sembradores de esperanza frente al egoísmo
A pesar de la magnitud de la crisis, la carta pastoral destaca el valor del testimonio cristiano como antídoto contra la cultura del descarte y la polarización social. El arzobispo expresa su reconocimiento hacia las iniciativas que encarnan la misericordia divina:
Familias acogedoras que ofrecen el calor de un hogar a los menores desamparados.
Educadores, trabajadores y voluntarios dedicados a la sanación afectiva y espiritual de los más pequeños.
Comunidades eclesiales e instituciones civiles que promueven la integración sin criterios excluyentes.
«Cualquier sociedad preocupada por salvaguardar la dignidad de toda persona humana debería valorar el compromiso de las personas que siembran esperanza en el corazón de los menores desplazados», señala Mons. Benavent.
Un compromiso compartido en todos los niveles
El mensaje concluye con un llamamiento a la corresponsabilidad compartida para edificar la cultura del encuentro:
A nivel personal: Reconocer la dignidad intrínseca de cada individuo como hijo de Dios.
A nivel eclesial: Acompañar, integrar y brindar una amistad sincera a quienes llegan a nuestras comunidades.
A nivel social y legislativo: Impulsar marcos jurídicos que garanticen una protección efectiva y salvaguarden los derechos fundamentales de la infancia, evitando medidas que acrecienten su angustia.




