¡Una auténtica explosión de arte, fe y primavera en pleno verano! El corazón del Vaticano se despertó ayer convertido en un lienzo gigante y multicolor


La noche mágica de los maestros floristas
Mientras el resto de Roma dormía, la noche del 28 de junio se convirtió en una fiesta de creatividad y trabajo en equipo. Decenas de artesanos y voluntarios llegados de todos los rincones de Italia se adueñaron de las calles para trabajar a contrarreloj.
Bajo la luz de la luna y en un ambiente de absoluta camaradería, los maestros floristas desafiaron al sueño y utilizaron un arsenal de materiales naturales para dar vida a sus diseños:
Pétalos secos de mil colores para dar textura y brillo.
Virutas de madera y arena coloreada para definir los contornos.
Pigmentos naturales para lograr tonos vibrantes.
El esfuerzo valió la pena: a las 9 de la mañana de este lunes, las espectaculares imágenes sagradas de la Virgen María, Jesucristo y los apóstoles estaban completamente terminadas, listas para recibir al sol y a los fieles.

Un viaje en el tiempo: el arte que revivió Bernini
Esta colorida fiesta no es una novedad; tiene más de cuatro siglos de historia. Todo comenzó en el lejano 1625, cuando al encargado de la floristería del Vaticano, Benedetto Drei, se le ocurrió la brillante idea de pintar cuadros con flores para adornar la basílica.

El mismísimo genio del barroco, Gian Lorenzo Bernini, quedó tan enamorado de esta iniciativa que se encargó de difundirla y expandirla, convirtiéndola en el alma de las grandes fiestas romanas. Aunque la costumbre se perdió durante un tiempo, la organización Pro Loco Roma Capitale la rescató del olvido en 2011.
Ayer, la Infiorata Storica demostró que está más viva que nunca. Roma no solo reza, ¡también baila, diseña y celebra con el aroma de miles de flores que rinden tributo a sus grandes pilares de la Iglesia!




