Alarma por la quiebra de la libertad religiosa: el laicismo institucional sume a España en un récord histórico de ataques
Un informe independiente sitúa en 306 las agresiones registradas durante el último ejercicio y apunta directamente al Ejecutivo central como principal catalizador de la intolerancia y el deterioro democrático.
El derecho fundamental a la libertad religiosa en España atraviesa su momento más crítico desde que existen registros. Lejos de actuar como garante de la convivencia democrática y el pluralismo constitucional, el marco institucional actual ha pasado a convertirse en el principal motor de hostilidad hacia las creencias. Según los datos del Informe de ataques a la libertad religiosa elaborado por el Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia (OLRC), las agresiones directas contra creyentes, lugares de culto y símbolos han alcanzado un máximo histórico de 306 casos, lo que representa un alarmante incremento del 26% en el último año y un desborde del 57% si se compara con las cifras del ejercicio anterior.

El diagnóstico presentado por la sociedad civil no deja lugar a la ambigüedad: existe una erosión sistemática de la neutralidad del Estado impulsada desde la propia cúpula del poder político.
La responsabilidad del poder: el Ejecutivo en el centro de la diana
El aspecto más sangrante de la investigación no reside únicamente en el vandalismo callejero o la violencia verbal, sino en la participación activa y continuada de los representantes públicos en la estigmatización del hecho religioso.


Actores institucionales / políticos Cuota de responsabilidad en agresiones verbales o legislativas
PSOE (Partido del Gobierno) 31 incidentes registrados
Sumar (Socio de Coalición) 26 incidentes registrados
Podemos (Socio parlamentario) 18 incidentes registrados
Casi uno de cada tres ataques documentados surge de forma directa del ámbito político mediante declaraciones altisonantes, iniciativas normativas excluyentes o mensajes institucionales concebidos para socavar la presencia pública de la fe. Los partidos que componen el Gobierno de coalición socialcomunista encabezan el listado de responsables, consolidando una deriva donde el uso partidista del laicismo combativo se traduce en una clara desprotección ciudadana.
Esta irresponsabilidad parlamentaria y gubernamental no es inocua: el hostigamiento desde las tribunas oficiales genera un «efecto llamada» que termina por cristalizar en la calle en forma de violencia física, vejaciones directas yprofanación de templos.
Radiografía del hostigamiento: una ofensiva multiconfesional
La escalada de la intolerancia se ha desplegado con especial ensañamiento contra la tradición cristiana, pero afecta de manera transversal al mapa confesional de la nación:
Comunidad Cristiana: Concentra el 70% de las agresiones globales. En concreto, la Iglesia Católica encaja el 53% de los embates, traducidos en un aumento desmedido de los ataques a recintos sagrados (+59%) y del escarnio a los dogmas y convicciones (+67%).
Comunidad Judía: Sufre un repunte desproporcionado respecto a su peso demográfico. Representando únicamente el 0,1% de la población, asume el 13% de las agresiones (40 casos), multiplicando por trece las métricas recogidas hace apenas tres años.
Otras Confesiones: Se registran decenas de casos dirigidos contra la comunidad musulmana (26 casos) y los Testigos de Jehová (11 casos), evidenciando un deterioro generalizado del clima de respeto.
La amenaza normativa: la pretensión de consagrar la impunidad
Frente a este escenario de emergencia en libertades civiles, la respuesta de los poderes públicos no solo ha sido la inacción o el desdén frente a las denuncias de los colectivos civiles, sino el impulso de reformas legales que amenazan con desarmar jurídicamente a los creyentes.
La iniciativa promovida en el Congreso por los socios de Gobierno para derogar el artículo 525 del Código Penal —que tipifica el delito contra los sentimientos religiosos— dejaría de facto la mofa, la profanación y el agravio sin ningún tipo de contención penal. De prosperar esta vía, España consolidaría una clara asimetría donde la fe se convertiría en el único patrimonio ciudadano carente de tutela jurídica frente a la difamación violenta.
«Los creyentes no son ciudadanos de segunda. La fe no es un elemento privado que deba recluirse en las paredes del templo o del hogar; se ejerce con plenitud las 24 horas del día en el espacio público.»
— María García, presidenta del OLRC.
Un retroceso que enciende las alarmas internacionales
La deriva del Gobierno español choca frontalmente con la tendencia de los organismos internacionales en materia de derechos humanos. Mientras la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) activa protocolos y guías específicas para combatir la cristianofobia y los delitos de odio por motivos religiosos, el Ejecutivo central persiste en desatender las demandas de los creyentes.
El repliegue de las garantías constitucionales en España muestra la cara de un Estado que renuncia a su deber protector para abrazar la confrontación ideológica. Garantizar la inmunidad de los templos, proteger el derecho a la manifestación pública de las convicciones y blindar la imparcialidad de las aulas son exigencias urgentes para frenar la espiral de un laicismo de Estado que amenaza con erosionar de forma irreversible el patrimonio de libertades civiles del país.




