«Haz todo por amor, nada por obligación». — San Alfonso María de Ligorio
Hoy, 1 de agosto, la Iglesia conmemora la memoria de San Alfonso María de Ligorio (1696–1787): ilustre obispo, Doctor de la Iglesia, insigne moralista y fundador de la Congregación del Santísimo Redentor (Misioneros Redentoristas).
Alfonso de Ligorio no solo destaca como un hombre de profunda oración y mística devoción, sino también como un pastor compasivo que dedicó su vida a los marginados, a los olvidados de los campos y a las almas atribuladas. Considerado un verdadero maestro de la moral cristiana y el patrono de los confesores, su teología rompió con el rigorismo de su época para abrir paso a la esperanza, recordando que la justicia divina siempre se abraza con la misericordia. Su vida es una invitación constante a transformar el servicio a Dios en un acto puro de amor y libertad.
Vida y Legado de San Alfonso
Para dimensionar la figura de este santo, conviene adentrarse en las distintas etapas de su intensa trayectoria histórica:
1. El abogado prodigio de Nápoles (1696–1723)
Nacido en Marianella (Nápoles) en el seno de una noble familia, Alfonso demostró desde niño un intelecto excepcional. A los 16 años ya se había doctorado en Derecho Civil y Canónico por la Universidad de Nápoles. Durante ocho años ejerció como un reputado abogado sin perder un solo caso. Sin embargo, en 1723, tras perder un importante juicio debido a corruptelas e influencias políticas, experimentó una profunda crisis existencial. Pronunció entonces sus famosas palabras al salir del tribunal: «¡Mundo, te conozco! ¡Adiós, tribunales!», y decidió renunciar a los títulos y a la herencia familiar para consagrar su vida a Dios.
2. De los barrios marginales a las «Capillas del Atardecer» (1726–1732)
Ordenado sacerdote en 1726, volcó su celo pastoral en los sectores más empobrecidos de Nápoles. Organizó las célebres «Capillas de la Tarde» (Cappelle Serotine), reuniones comunitarias donde trabajadores, laicos y marginados se reunían al terminar la jornada laboral para aprender a orar, educarse y socorrerse mutuamente. De estas reuniones surgieron profundas transformaciones sociales y un avivamiento espiritual en los barrios pobres.
3. Fundación de los Redentoristas (1732)
Impactado por la miseria espiritual y material de los campesinos y pastores de las zonas rurales apartadas de las montañas de la Campania, Alfonso fundó en Scala, en 1732, la Congregación del Santísimo Redentor. El objetivo central de la orden era claro: llevar las «misiones populares» y la buena noticia a los campesinos más abandonados.
4. Renovador de la Teología Moral y Doctor de la Iglesia
En un siglo dominado por el jansenismo (una corriente teológica rígida y pesimista que presentaba a un Dios distante y castigador), San Alfonso propuso una moral de equilibrio, basada en la comprensión de la fragilidad humana y la inmensidad de la gracia. Su obra cumbre, la Theologia Moralis, revolucionó la práctica de la confesión.
En 1871, el Papa Pío IX lo proclamó Doctor de la Iglesia.
En 1950, Pío XII lo nombró Patrono de los confesores y moralistas.
5. Escritor incansable y compositor
Además de teólogo y obispo de Sant’Agata dei Goti, Alfonso fue un prolífico escritor accesible para todo el público. Escribió más de 111 obras —entre las que destacan Las glorias de María y La práctica del amor a Jesucristo— y fue autor del villancico navideño más famoso de Italia, «Tu scendi dalle stelle».
Murió a los 90 años en Pagani, dejando un legado que sigue vivo en la misión de los Redentoristas en todo el mundo.



