A su paso por la comarca de la Mesa de Ocaña, un temporal de lluvia obligó a la mística abulense a resguardarse. Olvidó un enser personal del siglo XVI que hoy constituye la joya secreta del patrimonio castellano-manchego, su baúl.
En el mapa del turismo patrimonial español existen tesoros que han conseguido escapar del bullicio de las grandes guías de viajes. Uno de los más fascinantes se custodia en el interior de la iglesia de San Bartolomé, en la pequeña localidad toledana de Villarrubia de Santiago (de apenas 2.500 habitantes): un misterioso baúl del siglo XVI decorado con letras claveteadas en bronce donde se lee con claridad un nombre universal: Teresa de Cepeda.
La pieza, hecha de madera noble con refuerzos metálicos, guarda una de las leyendas más evocadoras de la mística española. Aunque la documentación oficial del archivo no conserva el acta formal de entrega, la tradición oral y los cronistas locales han mantenido viva una fascinante narrativa transmitida de generación en generación.
Un temporal de lluvia en la ruta hacia Pastrana
Corría la segunda mitad del siglo XVI cuando Teresa de Cepeda y Ahumada —conocida universalmente como Santa Teresa de Jesús— recorría los castigados caminos de la Península en su incesante labor de fundación de conventos.
En uno de sus trayectos entre la ciudad de Toledo y Pastrana (Guadalajara), una implacable tormenta desbordó los senderos e impidió el paso del carruaje. Ante la imposibilidad de cruzar el río Tajo, la comitiva teresiana buscó refugio de urgencia en el palacio de los Condes de la Cadena, señores de la villa.
Al amainar el temporal y reemprender la marcha, entre la prisa por cruzar las aguas y el trasiego del equipaje, uno de los baúles quedó relegado en la vivienda condal. Años más tarde, aquel enser de viaje pasaría a custodiarse en la parroquia local como un objeto sagrado e histórico.
Un tesoro que pasa desapercibido para el gran público
El investigador Antonio Martín Asperilla, autor de la obra Guía Mágica. La Mesa de Ocaña, destaca que este tipo de piezas constituyen verdaderas joyas del patrimonio toledano que, paradójicamente, continúan siendo desconocidas para la mayoría de viajeros.
Hoy en día, el cofre se exhibe en una de las capillas laterales de la iglesia parroquial de San Bartolomé, un imponente templo de planta de cruz latina, torre de cinco cuerpos y un soberbio retablo mayor que fusiona elementos del Renacimiento y del Barroco.
Para los visitantes e historiadores, la pieza no solo es un vestigio material de la época del Siglo de Oro, sino un símbolo de identidad que une al municipio con una de las figuras clave de la cultura y la literatura universal.
Más allá de la leyenda: historia, cueva e íberos
Visitar Villarrubia de Santiago para contemplar el baúl olvidado es también la excusa perfecta para descubrir un enclave con raíces que se hunden en el pasado íbero, romano y árabe:
La huella de la Orden de Santiago: Fundada oficialmente en 1204, la villa debe parte de su fisonomía y nombre al color rojizo de sus tierras (Villarroja) y al dominio de la orden militar medieval.
Arquitectura señorial: En plena Plaza de la Constitución se conserva la célebre Casa de Lara, testimonio de la pujanza nobiliaria del municipio.
Leyendas a orillas del Tajo: Sobre el antiguo castillo del Tormón se erige la Ermita de la Virgen del Castellar, enclave de profundas raíces devocionales.
Patrimonio arqueológico: El municipio alberga la misteriosa Cueva de la Yedra y el yacimiento del Hoyo de la Serna, donde se descubrió una necrópolis de la tribu céltica de los carpetanos.




