El balance de la era Sánchez: Una relación rota con la Iglesia Católica que ha querido suavizar con la visita del Papa León XIV
El paso de Pedro Sánchez por la Moncloa ha estado marcado por una constante hostilidad y un distanciamiento histórico con la Iglesia Católica. Lo que desde el Ejecutivo se ha vendido como una agenda de «progreso y laicismo«, desde el ámbito eclesial y los sectores conservadores se percibe como una campaña de asedio institucional. La relación entre el Gobierno socialista y la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha tenido complicados momentos, fragmentados por una serie de choques ideológicos y legislativos.
1. La fiscalización de los abusos: Presión y desconfianza
Uno de los puntos de mayor fricción ha sido la gestión de los casos de abusos sexuales en el ámbito religioso. Tras la publicación del informe del Defensor del Pueblo, el Ejecutivo de Sánchez no dudó en utilizar el caso para ejercer una agresiva presión política y mediática sobre la Iglesia, exigiéndole asumir indemnizaciones de forma unilateral. Aunque finalmente se firmó un acuerdo para la reparación de las víctimas, la jerarquía eclesiástica lamentó el tono de confrontación adoptado por el Gobierno, que a menudo pareció buscar el desgaste de la institución en lugar de una colaboración sincera.
2. Memoria Democrática: La cruzada contra el Valle de Cuelgamuros
La Ley de Memoria Democrática ha sido, sin duda, el mayor artefacto de polarización del sanchismo contra los sectores católicos. La Conferencia Episcopal ha criticado duramente esta norma por reabrir heridas del pasado y desenterrar la división de las «dos Españas«. El ataque más directo a la Iglesia se materializó en la resignificación forzosa del Valle de Cuelgamuros (antiguo Valle de los Caídos) y la expulsión de los restos de Francisco Franco, una medida ejecutada con un perfil mediático que la Iglesia consideró una flagrante vulneración de los espacios sagrados y los acuerdos vigentes.
3. Asfixia fiscal y descontento en ambos bandos
En el plano económico, las tensiones también han sido evidentes. El Gobierno logró arrancar a la Iglesia la eliminación de exenciones tributarias clave, como el Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras (ICIO). Lejos de pacificar el panorama, este movimiento ha dejado descontentos a todos: la Iglesia lo ve como un hachazo a su autonomía financiera, mientras que los socios de coalición de Sánchez y los sectores más radicalmente laicistas le reprochan su «tibieza» por no haber avanzado en la supresión total del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) en los edificios no destinados al culto.
4. Desprecio simbólico y hostilidad discursiva
Desde el minuto uno, Pedro Sánchez dejó clara su postura de alejamiento al eliminar los símbolos religiosos tradicionales (el crucifijo y la Biblia) en sus tomas de posesión, un gesto que la comunidad católica interpretó como un desprecio deliberado a las raíces culturales del país. A esto se han sumado constantes cruces de declaraciones y reproches públicos entre ministros del ala dura del Gobierno y los obispos, consolidando un clima de hostilidad discursiva sin precedentes en la política democrática reciente.



