Bajo el lema «María, madre marinera, haz de nosotros una barca abierta a todos«, la jornada de este año pone el foco en los desafíos humanos y sociales de quienes sostienen la economía pesquera global
Cada 16 de julio, coincidiendo con la festividad de la Virgen del Carmen, los puertos y comunidades costeras se visten de gala. Sin embargo, más allá de la tradición y la devoción, el Día de las Gentes del Mar se convierte este año en un altavoz de denuncia y reflexión social.
El departamento Stella maris (Apostolado del Mar), integrado en la Conferencia Episcopal, ha lanzado una campaña que busca visibilizar las «fronteras invisibles» que sufren los trabajadores del océano.
Una «Iglesia en salida» hacia las periferias marinas
El mensaje central de esta jornada corre a cargo de Mons. Antonio Valín, obispo de Tui-Vigo y promotor del Apostolado del Mar. El prelado ha hecho un llamamiento directo a la sociedad y a las instituciones para no mirar hacia otro lado ante las duras condiciones de vida en el mar:
«Seamos todos y todas barca abierta, disponible, acogedora, cercana a toda persona. Tener un corazón comprometido que no se quede en la mirada, que dé un paso adelante, que se implique de verdad».
Evocando las palabras del papa, Mons. Valín insistió en la necesidad de construir una «Iglesia en salida«, capaz de anteponer la dignidad de los trabajadores por encima de las lógicas de mercado, la logística o los beneficios económicos.
El factor humano frente a las cifras globales
El artículo destaca el papel crucial que juega el sector pesquero a nivel mundial, aportando datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO):
Impacto alimentario: Más de 1.000 millones de personas en todo el planeta dependen del pescado como su principal fuente de proteínas.
El verdadero desafío: La sostenibilidad del sector no radica únicamente en la tecnología.
El obispo promotor fue contundente al señalar que el verdadero reto del siglo XXI no es técnico ni económico, sino estrictamente humano:
«No basta con barcos más seguros o rutas más eficientes si no cuidamos a las personas que hacen posible todo eso».
La jornada concluye con una invitación a la empatía colectiva, recordando que la comunidad marítima engloba tanto a los marineros que pasan meses en alta mar como a las familias que aguardan su regreso en tierra firme.



