¿Sabías que a los santos se les suele recordar con nostalgia el día que partieron al cielo?
Llega la conocida noche de San Juan, una cita que reúne a millones de personas alrededor del mundo en las playas a medianoche, cenando y saltando sobre las hogueras. Es considerada la noche más mágica del año, pero habrá quien se pregunte ante todo esto…¿quién fue San Juan? Resulta que lo más curioso es que San Juan Bautista, según el evangelio, no tuvo nada que ver con estos rituales celebrados en esta noche que 2.000 años después lleva su nombre.
¡Pues con Juan el Bautista la regla se rompe por completo! San Agustín de Hipona, el gran sabio de la Iglesia, lo dejó clarísimo en sus sermones con una frase que hoy resuena como música para nuestros oídos:
«La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja».
¡Así es! Juan no es un santo común y corriente; él es la línea divisoria que conecta las promesas del pasado con la alegría del presente. ¡Un verdadero motivo para aplaudir de pie!
Las grandes razones de una fiesta extraordinaria
El cielo no escatimó en milagros para este nacimiento, y aquí te traemos los tres momentos más emocionantes que convirtieron esta historia en un auténtico acontecimiento:
¡Pura alegría desde el vientre! Juan no esperó a nacer para festejar; saltó de entusiasmo en el vientre de su madre, Isabel, cuando la Virgen María llegó de visita. ¡Una conexión divina llena de gracia!
El milagro de Zacarías: Su papá dudó del ángel Gabriel y se quedó sin palabras (¡literalmente mudo!). Pero la verdad siempre triunfa y recuperó la voz justo a tiempo para celebrar el nacimiento de su hijo.
El gran presentador: Juan tuvo el honor más grande de todos: ser la «voz que clama en el desierto» y señalar directamente al Mesías entre la multitud.
El solsticio de la alegría: Jesús y Juan en perfecta sintonía
¡La naturaleza también se une a la fiesta! La Iglesia, con gran sabiduría, colocó este festejo en una fecha mágica. Mientras que el nacimiento de Jesús (25 de diciembre) coincide con el momento en que los días empiezan a crecer en luz, el de Juan (24 de junio) se vive en el día más largo del año.
Es el hermoso simbolismo de que Juan prepara el terreno para que el «Sol de Justicia«, que es Jesús, brille en todo su esplendor. ¡Un diseño perfecto para llenarnos de optimismo!
Un santo tan grande que festeja por partida doble
Por si fuera poco, ¡a Juan lo celebramos dos veces! Hoy cantamos por su nacimiento, y el próximo 29 de agosto recordaremos su valentía y martirio. Pero hoy… ¡hoy solo hay espacio para la alegría, el agradecimiento y la esperanza!
Del Evangelio según san Lucas
Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.
A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: «No, debe llamarse Juan».
Ellos le decían: «No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre».
Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: «Su nombre es Juan». Todos quedaronadmirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.
Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: «¿Qué llegará a ser este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él. (Lc 1, 57-66.80)
El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel.
El asombro
La gente se queda asombra ante este niño, pero también ante esta pareja estéril, avanzada en años, que ha tenido un hijo. Una maravilla iluminada por la fe, tanto que quienes se enteraron «guardaron en su corazón el recuerdo» de lo que oyeron y vieron, y alabaron a Dios. Un asombro acompañado de la conciencia de que no lo entendían todo: «¿Qué llegará a ser este niño?«.
“Todo el evento del nacimiento de Juan Bautista está rodeado por un alegre sentido de asombro, de sorpresa, de gratitud… El pueblo fiel intuye que ha sucedido algo grande, aunque humilde y escondido, y se pregunta «¿Qué será este niño?».
El pueblo fiel de Dios es capaz de vivir la fe con alegría, con sentido de asombro, de sorpresa y de gratitud… Y viendo esto preguntémonos: ¿Tengo sentido de la maravilla cuando veo las obras del Señor, cuando oigo hablar de la evangelización o de la vida de un santo? ¿Sé sentir las consolaciones del Espíritu o estoy cerrado a ellas?” (Papa Francisco, Ángelus del 24 de junio de 2018).
El nombre
Los que han venido para el rito de la circuncisión quieren ponerle al niño el nombre de su padre, Zacarías. Pero aquí es Isabel la que interviene, lo que es muy raro, y dice que el niño ha de llamarse Juan. Es el nombre que Dios mismo había indicado a través del ángel: «No temas Zacarías, tu oración ha sido escuchada y tu mujer Isabel te dará un hijo, al que llamarás Juan» (Lc 2,13). Zacarías manifestó su incredulidad, y por eso se quedó mudo. Ahora, obedece a lo que Dios le pidió escribiendo que el nombre del niño es Juan. Recupera así el habla y comienza una nueva historia.
Nuevas oportunidades
El texto nos hace comprender que se han abierto nuevas oportunidades: una mujer anciana y estéril da a luz un hijo; un hombre mudo habla. Dos signos que indican que allí donde las cosas parecen imposibles, Dios siempre tiene reservada una posibilidad, como nos recuerda el profeta Isaías: “Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?” (Is 43:19).




