Declaración del cardenal Baldassare Reina, vicario del Papa para la diócesis de Roma, sobre la figura de Alcide De Gasperi, con motivo del septuagésimo segundo aniversario de su fallecimiento, que se cumple hoy, miércoles 19 de agosto de 2026
El 19 de agosto se conmemora el septuagésimo segundo aniversario de la muerte de Alcide De Gasperi. Recordarlo —tanto para la sociedad civil como, en consecuencia, para nuestra comunidad eclesial— significa rendir homenaje a una de las figuras clave del renacimiento democrático de Italia y del proyecto europeo. Pero es también una oportunidad para reflexionar sobre la dignidad de la política y sobre la posibilidad de que un cristiano se comprometa con la historia con fidelidad al Evangelio, sin convertir la fe en un instrumento de poder.
De Gasperi fue un hombre de fe profunda y austera; nunca ostentosa, sino vivida como criterio de discernimiento. Vivió la persecución fascista, la cárcel y las fracturas ideológicas del siglo XX, desarrollando una visión elevada de la política que permaneció ajena a la seducción del poder o a la división antagónica entre amigos y enemigos.
Su talla quedó patente sobre todo en su capacidad para mirar más allá de los escombros de la guerra. En una Europa que había sufrido la devastación de los nacionalismos, él señaló el camino hacia la reconciliación y la creación de instituciones capaces de transformar antiguas enemistades en un destino compartido.
El Papa León XIV ha destacado su ejemplo, señalando que su amor a Dios sustentaba su entrega al país y afirmando que «la política, la diplomacia y la defensa nacional se convierten en instrumentos de auténtica caridad cuando se viven con espíritu humilde» (homilía del Jubileo de las Oficinas de Ceremonial Institucional, 25 de octubre de 2025).
Para la Iglesia de Roma, su memoria tiene un significado especial. Sus restos descansan en la basílica de San Lorenzo Extramuros y, el 28 de febrero de 2025, concluyó la fase diocesana de su causa de beatificación en el Palacio Apostólico de Letrán.
Setenta y dos años después de su muerte, De Gasperi sigue interpelando al presente: ¿es aún posible concebir la política como servicio y no como posesión, como construcción paciente y no como conflicto perpetuo? Su testimonio nos recuerda que la búsqueda del bien común, vivida con integridad y humildad, puede convertirse en un lugar donde la fe se hace carne.




