Tras un fin de semana de saqueos, incendios y ataques a templos en Marsella, la Conferencia Episcopal y líderes sociales hacen un llamamiento a la paz civil y a la reconstrucción de la convivencia
PARÍS — La Iglesia católica en Francia ha expresado su total rechazo ante la reciente oleada de altercados y actos vandálicos que ha azotado a diversas ciudades del país. En una declaración emitida este lunes por la presidencia de la Conferencia Episcopal Francesa (CEF), los prelados calificaron la situación de «violencia inaceptable» e instaron a la ciudadanía a rechazar las provocaciones y no dejarse arrastrar por un conflicto que ha dejado cuantiosos daños materiales e institucionales.
Un país sumido en el miedo y la violencia
Las manifestaciones del pasado sábado 17 de octubre, convocadas inicialmente para protestar por el encarecimiento del coste de la vida, derivaron en graves disturbios urbanos al confluir con protestas estudiantiles e infiltrarse grupos radicales de extrema izquierda y agitadores encapuchados.
El balance del fin de semana deja un panorama devastador en varias localidades:
Marsella: Comercios saqueados, comisarías atacadas e iglesias forzadas.
Limoges: Su histórico ayuntamiento del siglo XIX quedó prácticamente destruido tras un aparatoso incendio.
París y otras urbes: Cientos de agentes de policía heridos, escaparates destrozados y vehículos calcinados.
«Estas escenas de disturbios han sumido al país en la conmoción, el miedo y la desolación», señala el comunicado firmado por el cardenal Jean-Marc Aveline (arzobispo de Marsella y presidente de la CEF), Mons. Vincent Jordy (arzobispo de Tours) y Mons. Benoît Bertrand (obispo de Pontoise). «Instamos a todos a no dejarse arrastrar por la espiral de esta violencia mortífera: nuestro país merece algo mejor», subrayaron los obispos.
Muestras de solidaridad y voces de alarma desde la Iglesia
Diversas figuras del clero francés se han sumado al llamamiento para recuperar el orden y la concordia:
Marsella: El cardenal Aveline, testigo directo de los destrozos en la segunda ciudad más poblada de Francia, pidió oraciones para que cesen las hostilidades y reiteró su apoyo a las fuerzas de seguridad y a los comerciantes locales.
Lyon: El arzobispo Mons. Olivier de Germay advirtió a través de las redes sociales que lo ocurrido va «mucho más allá del marco de una protesta legítima» y alertó sobre los riesgos de una sociedad en crisis: «La violencia es un callejón sin salida que solo conduce a más injusticias y divisiones».
Llamados a la responsabilidad en el horizonte político
El malestar social y la magnitud de los destrozos han abierto un profundo debate sobre las causas de la crisis y la responsabilidad de los instigadores. Comentaristas locales y directores de medios han calificado los hechos de «inquietantes y desoladores», señalando tanto a los ejecutores materiales como a los «arquitectos del caos» y a la polarización política.
Por su parte, el presidente Emmanuel Macron se dirigió a la nación a través de un mensaje televisado para condenar la «violencia desenfrenada» provocada por delincuentes y grupos extremistas.
«Al ver estas imágenes, todos nos hemos preguntado cómo han podido los franceses hacerle esto a Francia. Nada lo justifica», afirmó Macron.
De cara a las próximas citas electorales, el mandatario recordó que las discrepancias deben resolverse a través del diálogo institucional y el debate democrático pacífico, y no mediante la confrontación en las calles.
Ante el clima de tensión, diversos líderes religiosos y analistas han apelado al espíritu de concordia y a la vigencia de los valores republicanos —libertad, igualdad y fraternidad— como la única vía para restaurar la paz civil y la estabilidad en el país.




