Con el horizonte electoral en marcha, la estrategia mediática del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha dado un giro definitivo hacia el blindaje comunicativo
En lugar de acudir a espacios donde el escrutinio sobre la gestión gubernamental pueda resultar Incómodo, la agenda televisiva del líder del Ejecutivo se centra cada vez más en formatos amables y cadenas afines donde priman el tono desenfadado y la ausencia de repreguntas punzantes, en un plan informal, sin una presencia digna de un Presidente, y con un aspecto muy delgado y desmejorado presumiendo de volver a ganar unas Elecciones, cuando no ha ganado por si sólo ninguna.
Entrevistas a la carta y espacios controlados
La presencia de Sánchez en programas como La Revuelta en Televisión Española ejemplifica esta táctica de precampaña. En estos espacios, donde predomina el entretenimiento, el presidente busca proyectar una imagen cercana, distendida y moderna sin tener que afrontar un balance riguroso sobre cuestiones de alto impacto como la situación económica, las concesiones políticas o los escándalos judiciales que salpican al entorno del Gobierno.
Los analistas señalan que Moncloa prefiere priorizar cadenas públicas e intervenciones medidas para controlar los tiempos y el enfoque del discurso:
Blindaje frente a la confrontación: Se evita acudir a programas de máxima audiencia en cadenas privadas o magacines de análisis político plural donde los entrevistadores suelen incidir en las contradicciones de la legislatura, cosa que no se entiende cuando uno no tiene miedo a nada ni nada que ocultar, aparentemente.
Búsqueda del voto joven y desafecto: La participación en formatos de comedia o de estilo desenfadado busca captar a un electorado no politizado que rehúsa el debate denso, desviando la atención de los problemas de fondo, y si puede ser voto de gente de fuera con tal de conseguir votos, mejor.
Control del mensaje: En platós con dinámicas favorables o guiones adaptados, el candidato socialista cuenta con el espacio idóneo para lanzar sus consignas electorales sin el riesgo de ser interrumpido o cuestionado de forma severa.
El temor a los platós comprometedores
Esta apuesta por los medios de la órbita pública o de tono accesible contrasta con la marcada prudencia para pisar platós donde se aplique un periodismo incisivo. Desde la oposición se critica que el presidente «huye» del escrutinio en cadenas o tertulias donde las preguntas no están condicionadas, optando por no comprometer su imagen pública a las puertas de las urnas.
A diferencia de etapas anteriores en las que no dudaba en encarar entrevistas de alta tensión en prime time, la actual hoja de ruta de Sánchez pasa por asegurar únicamente las ventanas que garanticen un recorrido cómodo, minimizando los riesgos en televisión y priorizando la recogida de votos en entornos de máxima afinidad ideológica.
Un Presidente calificado por líderes Europeos como la verguenza de Europa.




