Las máximas autoridades de la Iglesia Católica coinciden en que la violencia y el odio solo se vencen mediante la unidad, el diálogo y el respeto a la dignidad humana
CIUDAD DEL VATICANO — Tras cumplirse un cuarto de siglo de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el Vaticano rememora las reflexiones y el posicionamiento firme que los últimos pontífices han mantenido frente a uno de los episodios más oscuros de la historia reciente.
![]()
El día de los ataques, tras ser informado en Castel Gandolfo, el Papa Juan Pablo II reaccionó con oración y envió un telegrama de condolencias a la Casa Blanca en el que calificó lo sucedido como un «indescriptible horror» e «inhumano». Durante la audiencia general del día siguiente en la Plaza de San Pedro, el Pontífice condenó la «crueldad salvaje» del atentado y señaló que, ante la afrenta a la dignidad humana, la respuesta no debía ser la venganza, sino la esperanza en Cristo.
En ese mismo contexto, líderes religiosos como el entonces prior general de los agustinos, Robert Francis Prevost, actual Papa, hicieron un llamado a atender las causas profundas del odio global. Prevost advirtió que la violencia proliferará mientras persistan la extrema pobreza y la injusticia, instando a dar testimonio de paz en lugar de buscar la revancha. Un año después, Juan Pablo II reiteró de forma contundente que la violencia armada y la guerra solo generan más muerte, siendo el amor y la razón las únicas vías válidas para resolver conflictos.
A lo largo de las décadas posteriores, la postura de la Santa Sede ha mantenido una línea continua de condena al terrorismo y promoción de la reconciliación:
Benedicto XVI (2008 y 2011): En su visita a la Zona Cero en Nueva York, oró por la paz en un mundo violento. En el décimo aniversario de la tragedia, enfatizó que nada justifica el terrorismo —menos aún el pretender actuar en nombre de Dios— y recordó que toda vida humana es sagrada.
![]()
Papa Francisco (2015 y 2021): Durante su encuentro interreligioso en el monumento conmemorativo de Nueva York, calificó el 11-S como un «acto insensato de destrucción», subrayando que la vida y la unidad siempre triunfarán sobre la lógica del odio. Años más tarde, instó a la comunidad internacional a no ser indiferente y a garantizar el derecho a la paz sin recurrir a las armas.
![]()
El consenso de los pontífices concluye en que, a pesar de la magnitud de la tragedia, la destrucción no tiene la última palabra y el compromiso activo por la paz sigue siendo la principal tarea colectiva para las futuras generaciones.


