El tradicional Desfile de Resurrección transforma el Cabanyal, Canyamelar y Grao en una fiesta de flores y pasodobles tras el estruendo de la «trencà de perols»
El silencio sepulcral que dominó los Poblados Marítimos durante los días de Pasión finalizó ayer ante un estallido de júbilo. Este domingo, 5 de abril de 2026, Valencia ha culminado su Semana Santa Marinera con el Desfile de Resurrección, una cita donde la fe abandona el luto para vestirse de luz, color y el inconfundible aroma del salitre mediterráneo.
El ritual del cambio: De la loza al encuentro
La jornada comenzó con un estruendo que ya es patrimonio emocional del barrio. A las doce en punto, el aire se llenó del sonido de la «trencà de perols». Desde los balcones de las fachadas de azulejos, los vecinos lanzaron loza vieja y agua a la calle, cumpliendo con el rito centenario de romper con el pasado para dejar paso a la vida.
Tras los emotivos encuentros de las imágenes frente a las parroquias de Santa María del Mar y Nuestra Señora de los Ángeles, la solemnidad dio paso a la transformación más esperada del calendario cofrade.
Rostros descubiertos y lluvia de flores
A las 13:00 horas, la fisonomía del barrio cambió por completo. Las túnicas oscuras y los capirotes que ocultaban los rostros en las procesiones de dolor quedaron guardados. En el Desfile de Resurrección, los protagonistas son los cofrades, quienes desfilan a rostro descubierto y con la sonrisa recuperada.
«Es el triunfo de la vida sobre la muerte en un escenario puramente mediterráneo«, comentaban los asistentes mientras las hermandades avanzaban por la calle de la Reina.
Los pesados cirios fueron sustituidos por ramos de claveles blancos y rojos. Personajes bíblicos como la Reina Ester o las Tres Marías, ahora sin velos de tristeza, repartieron flores entre una multitud que abarrotaba la Avenida del Mediterráneo.
Una banda sonora de júbilo
Si algo marca la diferencia en este Domingo de Gloria es la metamorfosis musical. El redoble severo del tambor ha sido reemplazado por la brillantez de las bandas de música valencianas. Al ritmo de pasodobles emblemáticos como «Paquito el Chocolatero» o «Valencia», las 30 hermandades han recorrido el itinerario con un paso ligero y festivo, contagiando el entusiasmo a miles de turistas y locales.
El broche de oro: Granaderos y pétalos
El desfile alcanzó su clímax con el paso de los granaderos. Sus uniformes de época napoleónica y sus fusiles, esta vez cargados simbólicamente con flores, escoltaron el sentimiento de un barrio que vive su fe de cara al mar. Desde los balcones, una constante lluvia de pétalos alfombró el camino, sellando el final de la Semana Santa Marinera 2026.
Con la brisa marina secando el sudor de los músicos y el aroma de las flores pisadas impregnando el asfalto, el Marítimo cierra sus puertas al duelo. Valencia no solo ha recordado un milagro; hoy, lo ha celebrado a ritmo de pasodoble.












