En una visita marcada por la cercanía, el Pontífice recorrió el hospital ‘San Paúl’, donde alentó al personal sanitario que trabaja bajo precariedad y abrazó a los pacientes más jóvenes
El viaje apostólico de León XIV a tierras africanas ha dejado este viernes una de las imágenes más potentes y humanas de su pontificado. En el centro hospitalario ‘San Paúl’, ubicado en la ciudad de Duala, el Santo Padre se ha alejado del protocolo para sumergirse en una realidad de dolor y esperanza, reafirmando su compromiso con las periferias del sufrimiento.
Una caricia contra la precariedad
La jornada, cargada de una profunda simbología religiosa y social, comenzó con el Pontífice recorriendo los pasillos de un centro que lucha diariamente contra la falta de recursos. Allí, León XIV no solo ofreció palabras de fe, sino que dedicó tiempo individual a cada niño ingresado, ofreciendo gestos de ternura que, según testigos presenciales, conmovieron tanto a familiares como al personal médico.
«El Papa abrazó el sufrimiento tanto de niños como de adultos«, destacaron los medios vaticanos al finalizar el encuentro.
El Papa aprovechó la ocasión para lanzar un mensaje de apoyo a los profesionales de la salud, quienes operan en condiciones críticas. Su presencia fue descrita como un «signo de consuelo» y un reconocimiento a la labor humanitaria que se realiza en la región.
Entre la oración y la acción
Tras un momento de recogimiento en la capilla del hospital, León XIV se dirigió al patio central para impartir su bendición. En este espacio, el intercambio de saludos fue constante, subrayando la «ternura conmovedora» con la que el Sucesor de Pedro estrechó las manos de quienes enfrentan la enfermedad en la vulnerabilidad extrema.
Próxima escala: La lucha contra la corrupción
Sin tiempo para el descanso, el Pontífice partió inmediatamente hacia el aeropuerto con destino a Yaundé. En la capital, le esperaba una agenda marcadamente institucional y académica en la Universidad Católica de África Central.
Allí, en un tono más enérgico, el Papa hizo un llamamiento a los estudiantes y académicos para convertirse en «pioneros de un nuevo humanismo» y trabajar activamente para liberar al continente de la plaga de la corrupción.




