El Papa León XIV llama a derribar los «sepulcros de la guerra» en una multitudinaria Vigilia Pascual
Durante la «madre de todas las vigilias», el Pontífice instó a la humanidad a no dejarse paralizar por el miedo y el egoísmo. Ante 6.000 fieles, bautizó a diez nuevos cristianos de diversas nacionalidades.
En una Basílica de San Pedro sumida inicialmente en la penumbra y progresivamente conquistada por la luz, el Papa León XIV presidió este Sábado Santo la Vigilia Pascual. El acto, considerado la celebración más importante de la tradición cristiana, se convirtió en un potente altavoz contra los conflictos bélicos y las barreras sociales que asolan el panorama internacional en este 2026.
Un rito contra las tinieblas
La ceremonia comenzó en el pórtico del templo con la bendición del fuego. Bajo un silencio sepulcral, el Pontífice grabó en el cirio pascual las cifras del año actual y las letras Alfa y Omega, simbolizando el dominio de la divinidad sobre el tiempo.
A medida que el diácono clamaba el Lumen Christi, la luz de las velas se extendió entre los 6.000 asistentes en el interior y los 4.000 que seguían el rito desde las pantallas en la Plaza de San Pedro. Este tránsito de la oscuridad a la iluminación sirvió de preámbulo para el Exultet, el himno que proclama el triunfo sobre la muerte.
La parálisis del miedo y la guerra
Durante su homilía, el Santo Padre centró su mensaje en la necesidad de «apartar las piedras» que mantienen a la sociedad encerrada en sepulcros espirituales. El Papa enumeró los obstáculos que, a su juicio, parecen inamovibles hoy en día:
Obstáculos internos: La desconfianza, el miedo y el rencor personal.
Obstáculos globales: La guerra, la injusticia y el aislamiento entre naciones.
«¡No dejemos que nos paralicen!», exhortó el Pontífice, recordando que la Resurrección es un mandato para construir un «mundo nuevo, de paz y unidad».
Signos de vida: Bautismos internacionales
Como es tradición, la liturgia incluyó los sacramentos de la iniciación cristiana. León XIV administró el Bautismo y la Confirmación a diez catecúmenos procedentes de Italia, Corea, Gran Bretaña y Portugal. Vestidos con túnicas blancas, los nuevos fieles participaron por primera vez en la Eucaristía, representando el «renacimiento» que la Iglesia busca proyectar hacia el exterior.
Clamor por una «paz desarmada»
Uno de los momentos más significativos de la noche ocurrió durante la oración universal. En un contexto global marcado por la violencia, la Iglesia elevó una petición directa por los gobernantes, solicitando para ellos «el deseo de una paz desarmada y justa», así como un compromiso renovado hacia los marginados.
La celebración culminó en un ambiente festivo, con el altar adornado por cientos de flores primaverales, preparando el camino para el mensaje Urbi et Orbi que el Papa ofrecerá hoy domingo desde el balcón central de la basílica.


