Pese a diez años de guerra civil, colapso económico y los efectos del cambio climático, las organizaciones humanitarias luchan por mantener el sistema de salud mientras la población apela a la resiliencia, el mundo no puede olvidarse de Yemen
Más de una década de conflicto bélico, 19 millones de personas dependientes de la ayuda humanitaria y un sistema de salud en ruinas son las cifras que marcan la realidad diaria de Yemen. Sin embargo, a la catástrofe humanitaria se le suma un factor determinante: la invisibilidad mediática y el abandono de la comunidad internacional.
El pasado domingo 25 de octubre, tras la oración del Ángelus, el Papa volvió a centrar la atención en la península arábiga al lanzar un llamamiento urgente para el cese de las hostilidades y el restablecimiento de la paz en la región. El mensaje papal busca romper el prolongado silencio sobre un país donde las familias sobreviven con menos de 50 dólares al mes y donde la asistencia internacional cubre menos del 60% de las necesidades básicas.
Normalización de la emergencia y colapso sanitario
Desde el inicio de las hostilidades entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes hutíes entre 2014 y 2015, la prolongación del conflicto ha derivado en una apatía global. Según explica Omima Ali, directora de programas de Cáritas Polonia en Yemen, la crisis ha pasado a percibirse como una situación «normalizada» a ojos del exterior, agravada por la falta de cobertura en los medios internacionales.
«El conflicto a menudo interrumpe nuestro trabajo. Vivimos expuestos a la guerra en cualquier momento y la economía sufre un fuerte impacto negativo que repercute directamente en las condiciones de vida de la población», señala Ali desde Adén.
La infraestructura del país se encuentra sumida en una severa inestabilidad energética. La dependencia absoluta de generadores de combustible ha elevado los precios de la comida y de los bienes básicos de consumo. A esto se suma que más del 50% de las instalaciones de salud operan por debajo de su capacidad o han quedado parcialmente destruidas. La fuga de personal médico hacia el sector privado, motivada por los bajos salarios estatales, ha puesto en jaque la atención pública.
Asistencia humanitaria y el impacto del cambio climático
Ante el vacío institucional, organizaciones como Cáritas Polonia —presente en el país desde 2020— sostienen cuatro centros de salud clave en Adén, beneficiando a cerca de un millón de personas. La labor de estas entidades abarca desde el suministro de medicamentos y material médico hasta el mantenimiento de infraestructuras de agua, saneamiento e higiene para atender a mujeres, niños y colectivos vulnerables.
A las secuelas de la guerra se añade la vulnerabilidad climática. Las zonas costeras sufren sequías prolongadas y el país carece de recursos financieros y técnicos para aplicar medidas de mitigación. Según las organizaciones sobre el terreno, las consecuencias del cambio climático son sensiblemente más graves en Yemen en comparación con otras naciones con mayor capacidad de respuesta.
Un llamado a la acción internacional
A pesar de la gravedad del contexto, los cooperantes destacan la fortaleza de la población local para mantener una actitud positiva en la vida cotidiana. Sin embargo, la sostenibilidad de la ayuda requiere una respuesta global urgente.
En su mensaje final a la comunidad internacional, las organizaciones humanitarias recuerdan que cualquier aporte, por modesto que sea, resulta vital para garantizar el acceso a la atención médica básica y a los servicios esenciales de subsistencia en el país.

