En uno de los rincones habitados más septentrionales del planeta, la comunidad católica marcó un hito histórico tras cumplirse un siglo de presencia eclesiástica y atención pastoral en las islas Svalbard
Monseñor Erik Varden, obispo de Trondheim y administrador apostólico de Tromsø, presidió una solemne liturgia ecuménica en la iglesia de Longyearbyen para conmemorar la primera Misa celebrada en el archipiélago en agosto de 1926.
La misa de aniversario contó con la participación de autoridades de la Prelatura territorial de Tromsø, representantes de Cáritas y clérigos de la Iglesia luterana de Noruega, reflejando el clima de cooperación ecuménica que ha permitido sostener el culto católico en la región, dada la ausencia de un templo propio en el territorio.
Reflexión sobre la vulnerabilidad y la soledad
Durante la homilía, el obispo Varden contrastó la travesía ártica de hace cien años con la conectividad actual. No obstante, advirtió que los avances tecnológicos no resuelven el aislamiento ni las incertidumbres profundas del ser humano.
«Si apagamos el iPhone, las Svalbard nos enseñan muchas cosas esenciales. Encontrarse consigo mismo significa encontrarse cara a cara con la propia vulnerabilidad».
Inspirándose en relatos de los antiguos exploradores polares y en la tradición del desierto de los primeros monjes, el prelado instó a la comunidad a redescubrir un «sano sentido de la realidad» y a asumir una responsabilidad activa hacia quienes padecen soledad o temor.
Un siglo de historia pastoral
La presencia de la Iglesia católica en este territorio extremo se remonta formalmente a 1913, cuando el papa san Pío X adscribió ecuménicamente las islas a Noruega, marco institucional ratificado tras los acuerdos internacionales de 1920 y 1925.
Hitos clave de la presencia católica
4 de agosto de 1926: El obispo Johannes Olav Smit celebra la primera Misa en Longyearbyen.
8 de agosto de 1926: Primera Misa pontifical y administraciones de Confirmación en la comunidad minera de Barentsburg.
1986: Restablecimiento formal de la celebración periódica de la Misa en Longyearbyen a través de misiones itinerantes desde Tromsø.
La conmemoración concluyó con un llamamiento del prelado a llevar la reconciliación y la compañía a los sectores más aislados de la sociedad contemporánea, consolidando un legado de fe que persiste pese a las inclemencias geográficas del Alto Ártico.



