El huerto del Papa se vuelve 100% orgánico
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CIUDAD DEL VATICANO — Lo que comenzó en el siglo XIII como un proyecto de autosuficiencia encargado por el Papa Nicolás III Orsini es hoy el epicentro de un silencioso cambio ecológico. El histórico huerto contiguo al monasterio Mater Ecclesiae ha completado su transición hacia un modelo de cultivo 100% orgánico, desterrando químicos pesados y anteponiendo el respeto a la tierra a la producción masiva.
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Bajo la dirección técnica del Servicio de Jardines y Medio Ambiente del Vaticano, el hortelano Gilberto Bianchi encabeza las labores diarias en casi 400 metros cuadrados de terreno divididos en cuatro parcelas. Junto a él, un equipo de jóvenes aprendices y las propias religiosas del monasterio combinan técnicas agrícolas ancestrales con la agronomía biológica moderna.
Ciencia, sostenibilidad y tradición manual
La transformación del terreno rechaza la maximización del rendimiento a cualquier precio. La fertilidad del suelo se preserva de forma natural:
Nutrición orgánica: Se emplean fertilizantes granulados certificados según la estación y experimentos biológicos, como el uso de abonos a base de algas marinas en los cultivos de tomate.
Regeneración del suelo: Prácticas de rotación de cultivos con leguminosas (como las judías verdes) para la fijación natural de nitrógeno.
Control biológico: Reducción drástica de pesticidas, manteniendo las plagas por debajo del umbral de daño sin alterar el ecosistema.
Riego artesanal: El riego sigue realizándose íntegramente de forma manual, ajustándose a la disponibilidad hídrica y a la necesidad de cada planta.
Sabores con historia y fin social
El calendario agrícola de la parcela respeta estrictamente el ciclo de las cuatro estaciones. Entre sus cosechas destacan cítricos centenarios de más de 150 años, cuyas variedades tradicionales —cultivadas completamente libres de tratamientos— permiten el uso integral de la fruta. Con ellos, las religiosas elaboran mermeladas, dulces y galletas artesanales.
Más allá del abastecimiento interno, el proyecto mantiene viva su dimensión solidaria: parte de la producción hortícola de temporada se destina a comedores y obras de caridad como la Casa Dono di Maria, reanudando una tradición de apoyo a los más necesitados.
Con esta iniciativa, el Vaticano une la visión medioambiental impulsada por el Papa Francisco con una práctica milenaria donde, como recordaban las propias monjas de clausura, la agricultura vuelve a entenderse como una auténtica «oración hecha con las manos«.


