Las Recetas de los reinos cristianos peninsulares durante la Reconquista estuvo marcada por una clara identidad culinaria que refleja tanto el carácter social como el proceso histórico y cultural de la época

Tras la conquista y repoblación cristiana de territorios del antiguo Al-Ándalus, se desarrolló una cocina que, si bien fue inicialmente una ruptura con la gastronomía islámica predominante, terminó asimilando ciertos elementos árabes y mediterráneos conforme se avanzaba en la Reconquista.

Ingredientes principales y dieta
Grasas y materias grasas: La grasa de cerdo sustituyó en gran medida al aceite de oliva, que había sido fundamental en la cocina árabe. El cerdo se convierte en un símbolo identitario cristiano, en especial el jamón, que refleja la distinción religiosa y cultural.
Carnes: La dieta incorporó carnes de caza (como ciervo y jabalí), mariscos en zonas costeras, así como carneros y cabras. La nobleza consumía carnes más selectas y banquetas que incluían asados. La carne de cerdo, por ejemplo, era especialmente valorada y celebrada (como en la matanza anual de San Martín).
Legumbres y cereales: El pan y los cereales (trigo, cebada, centeno y alforfón) eran la base alimentaria de las clases populares. Las legumbres —guisantes, habas, garbanzos, lentejas— se empleaban en potajes y guisos diarios.
Frutas y verduras: Las hortalizas y verduras acompañaban en la dieta, especialmente durante la Cuaresma, cuando la carne estaba prohibida y se privilegiaban pescados y productos vegetales para observar el ayuno cristiano.
Vino: El vino era una bebida común y parte integral tanto en el ámbito cotidiano como en las celebraciones.
Técnicas y utensilios
La cocina se basaba en asados y guisos al fuego. El trinchar las carnes en la mesa era un acto ritual a cargo del señor de la casa. No se usaban tenedores; los comensales empleaban cuchillos, cuchara y las manos. Los banquetes reales comenzaban con el lavado ritual de manos, y cada comensal tenía una cuchara mientras que los vasos podían ser de estaño o plata, compartidos entre dos personas.
Costumbres y prácticas en la mesa
Durante la Cuaresma se restringía el consumo de carne, enfocándose en pescado, verduras y legumbres.
Monjes y conventos jugaron un rol fundamental, con huertos para abastecerse y producción de delicados dulces conventuales (yemas, empanadillas, magdalenas, «huesos de santos»). Los conventos de clausura eran también centros culturales y de transimisión de técnicas culinarias.
El queso era un alimento común y una forma de pago o trueque en mercados, consumido por todas las clases sociales.
Influencias e intercambios culturales
Aunque al inicio la cocina cristiana se diferenciaba de la musulmana, la convivencia y el intercambio gradual generaron influencias mutuas, especialmente en el uso de ciertas especias, técnicas de repostería y platos de cuchara. Los conventos y monasterios fueron núcleos de conservación y desarrollo culinario, donde las recetas se adaptaban y transmitían.
Anécdotas y curiosidades
La grasa de cerdo no solo era un ingrediente sino un marcador social y religioso que diferenciaba a los cristianos de judíos y musulmanes, quienes usaban otras grasas o aceites.
El día de San Martín marcaba la matanza ritual del cerdo para conservar el alimento durante el año.
El acto de trinchar la carne era un símbolo de poder y hospitalidad masculina en las mesas nobiliarias.
Sobre «Moros y Cristianos» como plato
Es interesante señalar la existencia del plato denominado «moros y cristianos» en la gastronomía hispanoamericana, también vinculado indirectamente a la Reconquista a través de su nombre. Sin embargo, este plato criollo cubano, consistente en arroz y frijoles negros, tiene un origen más moderno y diferenciable del contexto medieval peninsular, aunque el nombre hace referencia simbólica a la lucha entre moros y cristianos en España.
La gastronomía de los reinos cristianos durante la Reconquista refleja una cocina esencialmente basada en productos del cerdo, caza, pescados, cereales y legumbres, con una fuerte influencia social y religiosa. Las técnicas giraban en torno a asados y guisos, con normas estrictas en la mesa que marcaban distinciones de clase y de identidad. Los conventos y monasterios jugaron un papel clave como custodios y difusores culinarios, especialmente en la elaboración de dulces y licores. La constante interacción con el mundo islámico aportó matices graduales a esta cocina cristiana que definiría las bases gastronómicas para la posterior Edad Moderna.




