En el corazón del Rione Ponte, custodiada en las naves de la Basílica de San Giovanni Battista dei Fiorentini, reposa una de las piezas más insólitas del devocionario romano: el relicario que alberga los restos óseos del pie izquierdo de María Magdalena

La inscripción que acompaña la pieza de plata no escatima en solemnidad teológica al calificarla como «el primer pie que entró en el sepulcro de Cristo Resucitado«.
Sin embargo, la presencia de esta reliquia en la Capital Apostólica es el resultado de un prolongado periplo geopolítico y religioso a través del Mediterráneo, marcado por las Cruzadas y las dinámicas dinásticas del siglo XIII.
Un trayecto impulsado por la diplomacia de las Cruzadas
Mientras que las tradiciones orientales sostienen que María Magdalena concluyó sus días en Éfeso junto a la Virgen María y el apóstol Juan, la trayectoria documental de la reliquia cobra impulso durante el convulso periodo del Imperio Latino de Constantinopla.
A mediados del siglo XIII, el emperador Balduino II de Constantinopla, en busca de apoyo militar para asegurar sus dominios, estableció alianzas con el rey Luis IX de Francia (San Luis). Como contraprestación al respaldo en la Séptima Cruzada, el monarca francés recibió importantes piezas sacras custodiadas en el palacio imperial, entre las que figuraban la Corona de Espinas y los restos atribuidos a la seguidora de Jesús.
Península Anatólica (Éfeso / Constantinopla)
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▼ (Ruta de las Cruzadas – S. XIII)
Ruta Mediterránea
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Roma (Pontificado de Nicolás V)
De hito de peregrinación a la Vía Giulia
Tras cruzar el Mediterráneo, las piezas alcanzaron la Península Itálica. Tres espinas de la corona quedaron depositadas en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, mientras que el pie izquierdo de la santa fue entregado al papa Nicolás V en el siglo XV.
Consciente del valor simbólico de la reliquia, el Pontífice dispuso su instalación en una capilla situada junto al Puente de Sant’Angelo. Esta ubicación estratégica convirtió al relicario en un punto de parada clave para los miles de peregrinos que cruzaban el Tíber con destino a la tumba de San Pedro.
«La reliquia funcionó durante siglos como el umbral espiritual previo al ingreso a la antigua Basílica Vaticana.»
Tras permanecer en el museo de la comunidad florentina durante el siglo XX, la reliquia fue traslada definitivamente el 24 de mayo de 2012 a su emplazamiento actual en la capilla lateral de la basílica de la Vía Giulia, donde permanece expuesta a la veneración pública.



