En pleno corazón histórico de Gandia, el Real Monasterio de Santa Clara, una joya arquitectónica del siglo XV, se ha convertido en el epicentro gastronómico del verano
¿El motivo? Una exitosa y refrescante iniciativa: la venta de helados 100% artesanales elaborados por las Hermanas Pobres de Santa Clara. Lo singular del negocio no es solo su calidad, sino su canal de distribución, ya que, fieles a su estricto voto de clausura, las religiosas despachan el producto a través de un tradicional torno de madera, sin mantener contacto visual con los clientes.
Lo que comenzó en 2022 como una actividad modesta orientada a feligreses y amigos cercanos, ha mutado cuatro años después en un auténtico fenómeno estival. Coincidiendo con las intensas olas de calor, la demanda se ha disparado en las últimas semanas, consolidando al convento como una parada obligatoria tanto para los vecinos de la comarca como para los turistas.
Tradición, innovación y 16 sabores
Para la presente temporada, que arrancó en mayo y se extenderá hasta septiembre, la comunidad religiosa ha ampliado su carta hasta ofrecer 16 sabores diferentes. Entre las novedades de este año destacan la stracciatella y una combinación de chocolate con leche y Kit-Kat, que conviven con el producto estrella del verano: el granizado de limón.
Al frente del obrador se encuentra sor Caridad María, quien coordina la producción diaria de 9:00 a 14:00 horas. La religiosa explica que la idea surgió tras el viaje de dos hermanas a una comunidad de clarisas en Palma de Mallorca para aprender la técnica. «Empezó como algo muy modesto«, recuerda sor Caridad desde el otro lado de la reja.
Respecto a los precios, la tarrina individual de 100 gramos se comercializa a 3,5 euros, ofreciéndose también formatos familiares de medio litro y un litro, mientras que el granizado de limón tiene un coste de 2,5 euros. Cumpliendo con toda la normativa sanitaria vigente, el monasterio (ubicado en la plaza de la Duquesa Maria Enríquez, 6) mantiene un horario de venta al público de 10:30 a 13:30 y de 16:45 a 20:00 horas, a excepción de los jueves. Por el momento, el pago se realiza exclusivamente en efectivo.
Ora et labora para el sustento del patrimonio
Esta actividad económica no es un mero pasatiempo. Bajo el lema benedictino del ora et labora (reza y trabaja), los ingresos generados por los helados y por su línea de mermeladas caseras sin aditivos se destinan íntegramente al mantenimiento del monasterio. Sin ir más lejos, los beneficios de la campaña del verano pasado permitieron financiar la renovación completa del pavimento del refectorio.
Una comunidad viva: El convento alberga actualmente a diez monjas, combinando la energía de hermanas jóvenes con la experiencia de tres religiosas que superan los 85 años.
Además de su labor en el obrador, las clarisas custodian la Capilla de Adoración Eucarística Perpetua, un espacio abierto las 24 horas del día desde hace once años que se ha convertido en un refugio espiritual para la localidad. «Somos como un corazón donde la gente vuelca su sufrimiento o sus alegrías«, concluye sor Caridad María, reflejando que, tras los muros de clausura y el intercambio de helados por el torno, late una profunda vocación de escucha y servicio a la comunidad.



