Mons. García: «Cualquier persona no nos es ajena, se merece no solo la justicia, sino también nuestra amistad» El obispo auxiliar ha presidido jueves, la misa en honor a la Virgen del Carmen, en el Puerto de Valencia
El obispo auxiliar de Valencia Mons. Arturo Javier García ha presidido hoy jueves, la misa en honor a la Virgen del Carmen, en el Puerto de Valencia en la que se ha dirigido especialmente por los que dedican su vida y su trabajo al mar, para «pedir la intercesión de la Virgen del Carmen por todo el mundo de la mar, por todos los marineros, los que están en la Armada, los pescadores, los que trabajan como mercantes, y para cualquier persona que se gana la vida o que vive o que hace un servicio en el mar de salvamento: Que Ella os cuide, os guarde, el faro de nuestra vida, para que acertemos en todo lo que hacemos y para que todo nuestro servicio, estar siempre dispuesto, jugarse la vida en algo tan difícil y tan duro como es el mar, pero en cualquier otra tarea que podamos hacer cada uno, cuidando a su familia o haciendo un servicio a la sociedad, que todo eso se lo pidamos a la Virgen María del Carmen, porque hay muchas cosas que no tienen precio, sin embargo, Dios es buen pagador y Él da siempre el ciento por uno. Por eso, vale la pena que hagamos las cosas por el bien de los demás como hijos de Dios, como hijos de la Virgen del Carmen».
El obispo auxiliar, que además ha dedicado gran parte de su vida a las misiones y a la solidaridad, ha señalado que «la cultura cristiana enseña que cualquier persona que esté en el mundo, no nos es ajena, es para nosotros importante, y se merece no solo la justicia, sino que además también se merece nuestra amistad, nuestra cercanía. Para ser cristiano no basta solo con ser buena persona, con cumplir los mandamientos, sino que nos veamos unos a otros como hermanos. Es más fuerte que los vientos, que las tempestades, pedimos que la Virgen del Carmen, que Dios, nos ayude en nuestros trabajos, en nuestras responsabilidades, no solo para nosotros, para todas las personas, que dependen de nosotros, o que nos rodean, familiares, amigos, que necesitan nuestra ayuda. Además, a la Virgen del Carmen, también la invocamos en la hora de la muerte porque Dios nos ha creado para la vida eterna, para esa fiesta con Dios en el cielo que no se acaba nunca. Ese es el fin para el que hemos sido creados.
Mons. Arturo Javier García ha explicado que «Jesucristo cuando enseña el Padre nuestro nos habla de una paternidad cercana, nos enseña una cercanía, una intimidad, que realmente es algo insospechado, increíble, y que es para siempre, por eso el cristiano, para ser cristiano no basta solo con ser buena persona, con cumplir los mandamientos, Jesús nos pide que nos veamos unos a otros como hermanos. María, la Virgen del Carmen, es nuestra Madre, pues entonces eso nos obliga a que vivamos todos como hermanos, porque todos vamos a acudir a la misma casa, todos vamos a sentarnos en la misma mesa, todos vamos a estar en la misma fiesta, en la fiesta de Jesús, por eso tenemos que vivir esa fraternidad. Es lo que la cultura cristiana, enseña a todos: que cualquier persona que esté en el mundo, no nos es ajena, no nos deja indiferentes sino que cualquier persona que es para nosotros importante, y se merece no solo la justicia, se merece nuestra compasión si hace falta, y se merece nuestra amistad, nuestra cercanía. La Eucaristía es la fiesta más entrañable, más cercana, que Dios podría hacer con nadie, no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos, y ese es Jesucristo. Celebrar la Eucaristía con Jesús es escuchar esa declaración de amor, de amistad, que Jesús tiene con nosotros, de fraternidad, de salvación. Es el ejemplo también de todos los que morimos por algo, los que mueren por cuidar a los ciudadanos, por salvarlos, los que mueren también por traer los alimentos y las cosas del mar, y cuanta gente que entrega su vida, por los demás. Que la Virgen del Carmen, sea también, la que nos ayude, a pedir su intercesión, porque es verdad que nosotros podemos tener muchas responsabilidades, pero, ¿acaso tendríamos que afrontar estas responsabilidades, nosotros solos? Si podemos contar con la ayuda de Dios, ¿sería lícito no contar con ella? Por eso, el que podamos pedirle, personalmente, que Dios nos ayude en nuestros trabajos, en nuestras tareas, en nuestras responsabilidades, en todas las cosas que queremos hacer, sería muy bueno, no solo para nosotros, también, pues, para todas las personas, que dependen de nosotros, o que nos rodean, o que son nuestros familiares, nuestros amigos, que necesitan nuestra ayuda. Pero, además, a la Virgen del Carmen, también la invocamos en la hora de la muerte. Qué importante momento en el que nos encontramos con Dios, porque Dios no nos ha creado para el cementerio, nos ha creado para la vida eterna, nos ha creado para esa fiesta con Dios en el cielo que no se acaba nunca. Ese es el fin para el que hemos sido creados, porque Dios nos llama a todos, que María nos ayude a llegar también a Jesús».
El Obispo ha realizado un saludo a las autoridades civiles, militares y eclesiásticas presentes, entre ellas el Capitán de Navío, Comandante Naval de Valencia y Castellón, la Delegada de Gobierno en la Comunidad Valenciana, el Teniente General Jefe del Cuartel General Terrestre de Alta Disponibilidad, la Teniente Alcalde del Ayuntamiento de Valencia, el Fiscal Superior de la Comunidad Valenciana, el Presidente de la Diputación Provincial de Valencia, el Coronel Delegado de Defensa de la Comunidad Valenciana, el General Comandante Militar de Valencia y Castellón, Excelentísimas, y a las Falleras Mayor e Infantil de Valencia, y la Honorable Clavariesa de las Fiestas Vicentinas.
Tras la eucaristía, organizada por la Cofradía de la Virgen del Carmen de la parroquia Santa María del Mar y la Comandancia Naval de Valencia, ha tenido lugar la tradicional procesión y ofrenda marinera, con la imagen de la Virgen, a bordo de una embarcación.
En la diócesis de Valencia, numerosas parroquias y capillas están dedicadas a la Virgen del Carmen, que especialmente en el día de esta celebración dedican misas y procesiones marítimas en las que también se realizan oraciones por los fallecidos en el mar, como en la ciudad de Valencia, el centro histórico en el barrio del Carmen. Y en la costa en El Perelló, Gandia, Puerto de Sagunto, Alboraya o Jávea, entre otras, como también en una veintena de monasterios y conventos carmelitas.








