En una atmósfera de profunda alegría y recogimiento, la Parroquia San Josemaría Escrivá vivió el pasado sábado 11 de julio una jornada histórica
Ante un templo abarrotado de fieles, familiares y amigos, D. Ángel Pérez Eusebio asumió oficialmente como nuevo párroco, en una Santa Misa que marcó el inicio de una nueva etapa pastoral para esta vibrante comunidad valenciana.
La imponente celebración estuvo presidida por el arzobispo de Valencia, Mons. Enrique Benavent, y contó con el acompañamiento musical del coro Studium Vocale.
En el altar se sumaron destacadas figuras eclesiásticas, entre ellas D. Jaime Abascal, vicario de la Delegación del Opus Dei de Levante y Aragón, así como los párrocos eméritos D. Manuel de Sancristóval y D. Jorge Molinero, cuyo legado fue ampliamente aplaudido por los asistentes.
Tres pilares para una misión eterna
Durante una homilía de marcado carácter pastoral, Mons. Benavent ofreció una profunda reflexión sobre la naturaleza del ministerio sacerdotal, recordando una verdad fundamental: «La Iglesia continúa, las personas cambiamos«. El prelado enfatizó que la misión del sacerdote no es la autorreferencialidad, sino la de ser un puente:
«El sacerdote está llamado no a predicarse a sí mismo, sino a Cristo, siendo un instrumento del Señor para anunciar el Evangelio y acercar a las personas a Dios».
Asimismo, el arzobispo trazó la hoja de ruta para este nuevo mandato, fundamentada en tres pilares inquebrantables:
La fidelidad absoluta a la Palabra de Dios.
La vivencia profunda de los sacramentos.
La cercanía radical a las personas, con especial atención a los enfermos, a las familias y a los más vulnerables.
Humildad, humor y sueños compartidos
Al concluir la liturgia, el nuevo párroco tomó la palabra en un discurso que combinó la emoción con la frescura de su característico sentido del humor. D. Ángel rompió el hielo al confesar, entre las sonrisas del público, el pensamiento que le rondaba la cabeza ante la gran labor heredada de sus predecesores: «A ver si ahora lo vas a fastidiar...».
Sin embargo, el sacerdote disipó cualquier duda mostrando una confianza absoluta en sus feligreses. Subrayó que el éxito de la parroquia no depende de un solo hombre, sino del engranaje de toda la comunidad: catequistas, voluntarios sociales, equipos de liturgia y todos aquellos que sostienen el templo con su tiempo y oración. «Todos unidos, rezando y haciendo lo que cada uno puede, con eso Dios hace el resto«, sentenció.
Mirando hacia el futuro, D. Ángel desveló sus grandes anhelos para San Josemaría: consolidar una comunidad viva, multiplicar la participación en la Eucaristía, fomentar el sacramento de la reconciliación y asegurar que el templo sea, por encima de todo, un hogar de fe y acogida para jóvenes, matrimonios y necesitados.
El broche de oro de la jornada lo puso una frase que resonó con fuerza en el templo y que define el espíritu con el que inicia su andadura:
«No pido que se cumplan mis sueños, sino los sueños de Dios para vosotros.»


















