Allí vive una comunidad de las Hermanas Pobres de Santa Clara, conocidas como Clarisas
En pleno bullicio del centro de la ciudad de Valencia, en una calle que pasa desapercibida entre la plaza de la Virgen y la plaza Manises, se encuentra un pequeño oasis de oración y silencio, el convento de la Puridad y de San Jaime, donde vive una comunidad de las Hermanas Pobres de Santa Clara, conocidas como Clarisas. Con una vida de oración y trabajo, como dice el Papa León XIV, no viven ajenas al mundo porque “la vida monástica no puede entenderse como un simple aislamiento del mundo exterior, sino como un instrumento para que en el corazón de los discípulos crezca un amor semejante al del Maestro, dispuesto a compartir y a ayudar”. Fieles al carisma recibido de San Francisco, del que este año se celebran los 800 años de su muerte, y de Santa Clara, ven en la oración un arma muy necesaria hoy.
El convento de la Puridad, donde hoy viven ocho hermanas, es uno de los conventos históricos de Valencia. De hecho, es la primera fundación de las Clarisas en el Reino de Valencia. Fue erigido, además, cuando Santa Clara aún vivía, entre los años 1239 y 1248. Durante 600 años estuvo ubicado en lo que corresponde a las calles Rey Don Jaime, Conquista y Moro Zeit, de Valencia. Fue en 1853 cuando se trasladó a su actual ubicación, que era la sede de la cofradía de San Jaime.
Las Clarisas fueron fundadas por San Francisco de Asís y Santa Clara en 1212. Las hermanas Clarisas viven el Evangelio desde una dimensión contemplativa y desde la espiritualidad franciscana, es decir, viviendo la radicalidad de la pobreza, conscientes que Dios provee todo. “Nos dedicamos a la contemplación, a la oración e intercesión. San Francisco y Santa Clara así lo quisieron, querían que viviéramos el Evangelio de Jesucristo, que copiáramos a Jesucristo”, apunta la madre Mercedes, superiora de la comunidad.
“San Francisco era un loco de Jesucristo y Santa Clara, que era de Asís y de la nobleza también, se enamoró de la vida que llevaba San Francisco y le invitó a vivir la pobreza de la oración. Desde la iglesia de San Damián, empezó a vivir este carisma con otras hermanas. Los dos santos tienen la misma vocación, lo único que nosotras nos dedicamos a la contemplación y los franciscanos, a la acción”, explica. ¿Y cómo se vive la pobreza? “Es el despojo de todo, no solo de las cosas materiales, es un desprendimiento, sabiendo que lo que tenemos es porque nos lo ha dado Dios”, explica.
Su unión con el mundo es fundamentalmente con la oración. Allí acuden muchas personas para pedir que recen por intenciones concretas, sobre todo, situaciones de sufrimiento como enfermedades o problemas de diversos tipos. Para facilitar esta comunicación en la entrada del convento han colocado una pequeña urna donde se pueden dejar las intenciones de oración. “Nos sorprende cómo la gente viene a descargar sus preocupaciones. Pues todo eso se lo presentamos todos los días al Señor, sobre todo en la eucaristía. Para que el Señor, en su misericordia, les conceda aquello que le piden con fe al Señor”, comenta la hermana Mercedes. Además, en la eucaristía de la comunidad, que tiene lugar por la mañana, puede participar quien quiera porque abren la capilla, que se mantiene abierta a lo largo del día para la oración personal ante el sagrario.
Su día a día está marcado por la oración. Desde las seis menos cuarto que se levantan hasta la noche. Antes de desayunar, reunidas en el coro, “rezamos el ofrecimiento de obras al Señor, ponemos en sus manos el día, pedimos por todas las intenciones, del Papa, de la Iglesia y de la gente que nos pide la oración”. Luego hacen la liturgia de las horas con el Oficio de Lecturas y Laudes, así como el rezo del Rosario o la corona franciscana, las siete alegrías de la Virgen. Después del desayuno rezan la Hora Tercia y celebran la eucaristía. A lo largo del día combinan los momentos de oración con el trabajo y el estudio personal.
El trabajo que hacen en la Puridad combina las labores de limpieza y mantenimiento del convento con la elaboración de dulces y pastas, que venden al público como una forma de sustento.





