En una esquina, con 79 años, un peluquín blindado y la sutil convicción de que Dios es su jefe de campaña: Donald Trump. En la otra, armado con una paloma blanca y una paz que necesitamos más que nunca y que le viene de serie: Su Santidad León XIV
Lo que empezó como un intercambio de tuits y homilías ha escalado a una guerra abierta donde el Vaticano ha decidido que ya basta de poner la otra mejilla.
Mientras visitaba la convulsa región de Bamenda en Camerún —un lugar donde la paz es tan escasa como el agua potable gracias a una guerra civil que ya cumple una década—, el Pontífice decidió que era el momento perfecto para lanzar un «recadito» transatlántico.
Sin mencionar nombres (porque la elegancia papal obliga, aunque todos sepamos de quién hablamos), León XIV denunció a esos «pocos tiranos» que están haciendo del mundo su tablero de Risk personal. Según el Papa, hay gente que usa el nombre de Dios para sus intereses militares y económicos, arrastrando lo sagrado a lo «sórdido«. Un dardo directo al corazón de Mar-a-Lago, donde Trump recientemente sugirió que el Altísimo está jugando su «carta ganadora» a favor de su candidatura.
«Se necesitan miles de millones para matar y devastar, pero no encuentran un duro para educar», sentenció el Papa, mientras Trump probablemente buscaba en Google cuánto cuesta ponerle su nombre en letras doradas a la Catedral de San José.
El «Mundo al revés» y la pataleta de la Casa Blanca
La tensión alcanzó niveles bíblicos después de que Trump, en un alarde de diplomacia de guardería, llamara al Papa «débil contra el crimen» y «terrible en política exterior«. Básicamente, el presidente está molesto porque el Jefe de la Cristiandad prefiere hablar de paz en África que de muros en la frontera.
Por su parte, León XIV, lejos de amedrentarse, ha respondido con una gira por Argelia, Angola y Guinea Ecuatorial, demostrando que su agenda de contactos es un poco más amplia que la lista de invitados de un mitin en Ohio.
El Veredicto: El cielo puede esperar, las urnas no
Mientras el Papa suelta palomas blancas en medio de un conflicto que ha dejado 6.500 muertos, Trump sigue convencido de que Jesucristo es su asesor de imagen personal. El Pontífice lo tiene claro: el mundo se mantiene en pie por la gente solidaria, no por los señores de la guerra que fingen demencia ante la destrucción que provocan.
El cielo nos pille confesados.




