En la quietud de una Italia que apenas despertaba al siglo XX, una joven laica de fe inquebrantable escribía una de las páginas más profundas de la mística moderna. Gema Galgani, fallecida un Sábado Santo a los 25 años, se ha convertido en el símbolo de la resiliencia espiritual frente a la tragedia personal
Nacida en 1878, Gema Galgani era una mística laica, que hizo voto de virginidad. Su existencia muestra una fe profunda: las muertes familiares y enfermedades no la distrajeron de la vida cristiana. Murió con tan sólo 25 años, el sábado Santo el 11 de abril de 1903.
Gema Galgani fue golpeada por el sufrimiento desde temprana edad: sólo tenía 7 años cuando su madre murió. Pero la familia fue golpeada por otros duelos: la muerte de su hermano Gino, seminarista, y luego la de su padre. Los hermanos Galgani terminaron en quiebra y Gema fue acogida por una tía. Incluso su propia existencia estuvo marcada por la enfermedad: osteítis en las vértebras lumbares y otitis mastoidea.
Permaneció en una cama semiparalizada durante varios meses. Momento en el que leyó la biografía de San Gabriel de los Dolorosos, de la que quedó muy impresionada. Luego invocó a Santa María Margarita Alacoque y después de una novena se recuperó. Era el 1899.
El amor por Jesús: el regalo de los estigmas
La joven Gema sentía profundamente el deseo de consagrarse al Señor, pero por diversas razones no tuvo la oportunidad de convertirse en una religiosa enclaustrada. Sin embargo, esto no le impidió sumergirse en la contemplación de Jesús Crucificado.
El 8 de junio de 1899, Octava del Corpus Domini y víspera de la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, recibe los estigmas, que se repitieron periódicamente desde el jueves por la noche hasta las 15.00 del viernes.
Durante un cierto período, se manifestaron casi todos los días. Algunos tenían un gran desconcierto sobre la autenticidad de estos signos, pero el padre Germano Ruoppolo, el postulador general de los Pasionistas y gran estudioso de la mística, le defendió.
Las conversaciones con Jesús, María, el Ángel de la Guarda y San Gabriel de los Dolorosos son también una fuerte expresión de su vida mística. Estas conversaciones están presentes en el epistolario, en el diario y en la autobiografía.



