A través de los siglos, la figura de José de Nazaret ha pasado de un discreto segundo plano en los Evangelios a ser reconocido como el mayor de los santos tras la Virgen María. Repasamos la historia, las fuentes y la evolución de un culto que hoy abraza a la Iglesia entera, hoy festividad de San José
En el entramado de la historia de la salvación, pocos perfiles resultan tan fascinantes y, a la vez, tan silenciosos como el de San José. Aunque los Evangelios no recogen ni una sola de sus palabras, su obediencia determinó el curso de la cristiandad. Definido como tekton (artesano o carpintero), este descendiente del linaje de David asumió la misión de proteger los dos tesoros más grandes de la divinidad: Jesús y María.
Las fuentes: Entre el misterio y la revelación
La base histórica y espiritual de San José reside exclusivamente en los textos de Mateo y Lucas. Aunque existen discrepancias genealógicas —Mateo lo hace hijo de Jacob y Lucas de Helí—, ambas coinciden en su papel fundamental: ser el padre legal y custodio de Cristo.
Pese a no ser el padre biológico, su paternidad fue plena en el ejercicio. El mandato del ángel fue claro: «Tú le pondrás por nombre Jesús». Con este acto, José incorporó legalmente al Mesías en la genealogía davídica, cumpliendo las profecías del Antiguo Testamento.
Una devoción que tardó en florecer
Resulta curioso que el «mayor de los santos» no recibiera un culto masivo en los primeros siglos. Historiadores sugieren que la Iglesia primitiva priorizó la veneración de los mártires y buscó enfatizar la paternidad divina de Jesús para evitar confusiones teológicas.
Sin embargo, la semilla ya estaba plantada. Figuras como San Agustín y San Jerónimo sentaron las bases doctrinales, y para el siglo IV, en Oriente, ya se erigían oratorios en su honor. No fue hasta el siglo XII, de la mano de San Bernardo y Santo Tomás de Aquino, cuando su devoción comenzó a popularizarse en Occidente, siendo los carmelitas sus principales promotores.
«José es el broche del Antiguo Testamento; en él fructifica la promesa hecha a los patriarcas«, señalan expertos en teología.
Hitos en el calendario y la liturgia
La ascensión de San José en la jerarquía litúrgica ha sido imparable desde el Renacimiento:
1471: El Papa Sixto IV lo introduce en el calendario romano.
1621: Se declara fiesta de obligación el 19 de marzo.
1726: Se incluye su nombre en las Letanías de los Santos, justo después de San Juan Bautista.
1870: En un mundo convulso, Pío IX lo proclama Patrono de la Iglesia Universal.
1962 / 2013: Su nombre se integra en el Canon Romano y en las Plegarias Eucarísticas, consolidando su presencia en el corazón de la Misa.
El legado de Teresa de Jesús y el patronazgo obrero
Uno de los motores más fuertes de su culto fue Santa Teresa de Jesús, quien afirmaba no haberle pedido nunca nada que él no le concediera. Para la mística de Ávila, José no era solo un protector, sino un maestro de oración y vida interior.
En el siglo XIX, su figura encontró un nuevo eco entre las clases trabajadoras, convirtiéndose en el modelo de dignidad laboral. Hoy, la Iglesia sostiene que su intercesión ante Jesucristo es total: si en la tierra Jesús le obedeció como hijo, en el cielo su poder de intercesión no tiene límites.
Cada 19 de Marzo festejamos esta fecha tan señalada a San José.




