La Santa Sede refuerza su compromiso con la Creación mediante la plantación de un ejemplar milenario, en un acto marcado por la denuncia de la explotación económica del territorio, el ginkgo biloba que desafía la «miopía» ambiental
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En un gesto cargado de simbolismo teológico y ambiental, los Jardines Vaticanos cuentan desde hoy, 6 de marzo, con un nuevo inquilino: un ginkgo biloba. Este árbol, una de las especies más antiguas y resistentes del planeta, fue plantado en la avenida de la Radio como un recordatorio viviente de la responsabilidad humana frente a la crisis ecológica global.
El ejemplar es un obsequio de la Orden Nacional de Doctores Agrónomos y Doctores Forestales (Conaf) al Papa León XIV, tras la audiencia privada mantenida el pasado 5 de noviembre. La ubicación no es casual; el arbusto crece ya a escasos metros de la emblemática Gruta de Lourdes, integrándose en el corazón verde del Estado más pequeño del mundo.
El campo como acto de caridad
Durante la ceremonia, se recordaron las palabras del Pontífice, quien ha insistido en que la agricultura no debe entenderse como una industria de extracción, sino como una «forma concreta de caridad«. Para el Papa, la tierra no es una posesión de la que el hombre pueda disponer a su antojo, sino un préstamo de las generaciones futuras.
«La Tierra nos precede y nos será quitada. Es una madre que nos nutre, no materia que explotar», subrayó el Santo Padre en su encuentro con los agrónomos.
Crítica a la devastación territorial
El acto contó con la presencia del arzobispo Emilio Nappa, secretario general de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano. En un discurso inusualmente directo, Nappa vinculó este acto de plantación con la trágica realidad de la degradación ambiental en Italia.
Originario de Nápoles, el arzobispo denunció la «miopía de los intereses financieros» que priorizan el beneficio inmediato sobre la salud del ecosistema. Hizo una referencia explícita a la «Tierra de los Fuegos» en Campania, zona devastada por vertidos tóxicos y quemas ilegales, señalando que el egoísmo económico está dejando un legado de «muerte y contaminación» en lugar de vida.
Un símbolo de cara al futuro
La elección del ginkgo biloba, conocido en el Lejano Oriente por sus propiedades medicinales y su capacidad para sobrevivir a condiciones extremas, refuerza el mensaje de resiliencia que la Iglesia desea transmitir.
Este evento sirve además como antesala a la próxima visita del Papa León XIV a la región de Campania, programada para el 23 de mayo, donde se espera que el Pontífice retome su defensa de los territorios castigados por la gestión ilícita de residuos.



