El templo burgalés acoge una exposición inédita que rastrea las raíces bíblicas y la iconografía religiosa en la obra del artista, en una colaboración histórica con su nieto, Bernard Ruiz-Picasso

Por primera vez en la historia, la obra de Pablo Picasso cruza el umbral de una catedral para entablar un diálogo entre la vanguardia y la fe. Bajo el título ‘Picasso. Raíces bíblicas’, la Catedral de Burgos inaugura una muestra que no busca presentar a un Picasso creyente —etiqueta que nunca le perteneció—, sino desvelar cómo la educación católica, los ritos familiares y la historia sagrada permearon su imaginario hasta el final de sus días.
La exposición, que permanecerá abierta en la renovada sala Beato Valentín Palencia hasta el 29 de junio, supone un hito doble: es la primera vez que el pintor entra en un recinto catedralicio y la primera vez que se aborda formalmente la espiritualidad y el influjo cristiano en su producción.
Una alianza de fe y arte
El proyecto es el resultado de una carambola institucional y personal. Según explica Carlos Izquierdo Yusta, vicario general de la Archidiócesis de Burgos, la semilla germinó gracias a la estrecha relación entre el arzobispo, don Mario Iceta, y Bernard Ruiz-Picasso, nieto del artista.
«Bernard quedó prendado de Burgos y de la catedral. Su presencia es lo que ha permitido que esto siga adelante«, afirma Izquierdo.
Para acoger las piezas, la Archidiócesis ha realizado una inversión superior a los 700.000 euros destinada a modernizar sus instalaciones, cumpliendo así con los estrictos estándares de seguridad y conservación que exige el legado picassiano.
El retorno a 1934
La muestra también funciona como una reparación histórica. En 1934, durante su último viaje (incógnito) a España, Picasso visitó la Catedral de Burgos acompañado de su esposa Olga Khokhlova y su hijo Paulo. Una fotografía de aquel día, cedida por la Fundación Almine y Bernard Ruiz-Picasso (FABA), atestigua el vínculo emocional que el nieto del pintor ha querido honrar con esta cesión.
El prisma de lo sagrado
La exposición reúne 44 obras, 31 de ellas procedentes de la FABA, que recorren temas universales reinterpretados por el pincel del malagueño:
Maternidades que evocan vírgenes clásicas.
Visiones del Gólgota y el sacrificio.
‘Vanitas’ y el ‘Vera Icon’, donde la muerte y el rostro sagrado se entrelazan con la estética cubista.
«No existe un Picasso religioso«, aclara el vicario, «pero sí una influencia inevitable de los contextos cristiano-creyentes de su familia«. Desde las misas en el convento de la Merced en Málaga hasta sus lecciones de pintura sacra en Barcelona, la Biblia fue para Picasso un código cultural del que nunca se desprendió del todo.




