Ordenado al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el padre Gioele Schiavella continúa concelebrando misa en la parroquia de Santa Ana y conmoviendo a los feligreses con su vitalidad
Los peregrinos que acuden a las celebraciones litúrgicas en la pequeña iglesia de Santa Ana, a un costado de la Plaza de San Pedro, suelen cruzarse con un fraile afable que canta con entusiasmo y participa activamente en la misa. A simple vista, parece uno de los tantos sacerdotes octogenarios que asisten en las parroquias romanas. Sin embargo, detrás de su sonrisa se esconde un récord histórico: a sus 103 años, el padre Gioele Schiavella es el sacerdote más anciano del Vaticano y uno de los pocos en el mundo en superar las ocho décadas de vida consagrada.
Nacido el 9 de septiembre de 1922 en Genazzano, el padre Gioele ha cruzado el umbral de un siglo de vida con una lucidez que sorprende a la comunidad. Su camino eclesiástico comenzó a los 16 años cuando realizó sus primeros votos en la Orden de San Agustín, y se consolidó el 15 de julio de 1945 al ordenarse sacerdote con tan solo 22 años, en una Italia que apenas comenzaba a levantarse de las ruinas morales y materiales de la Segunda Guerra Mundial.
Una vida entrelazada con la historia de la Iglesia
A lo largo de sus 81 años de ministerio, Schiavella no solo ha sido testigo de la historia contemporánea de la Iglesia, sino que ha desempeñado roles clave dentro de su orden. Fue secretario y superior provincial de Roma, profesor de latín y teología moral, e incluso impartió clases de ética a oficiales del ejército italiano.
Durante su gestión como párroco de Santa Ana (1991-2006), tuvo el honor de recibir formalmente en su comunidad a los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI. Como dato curioso de la historia vaticana, el fallecido pontífice emérito alemán era cinco años menor que el incansable fraile agustino.
«¡Lo único que puedo decir es que soy muy feliz con esta vida! Nunca me ha faltado nada. En verdad, el Señor está conmigo«, declaró el religioso con sencillez, haciendo honor a su propio nombre, Gioele, que significa «Dios es mi alegría«.
El reconocimiento de los suyos
El año 2025 fue una doble celebración para el religioso: coincidió con el Jubileo de la Iglesia y con la elección del Papa León XIV, quien comparte su misma familia espiritual agustina. El propio pontífice quiso rendirle un cálido homenaje público durante su visita pastoral a la parroquia de Santa Ana el pasado 21 de septiembre, destacando su fe y constancia ante los fieles.
Actualmente, el padre Gioele mantiene una rutina comunitaria adaptada a su edad pero notablemente independiente. Aunque dejó de predicar homilías en solitario al cumplir los 100 años, sigue siendo un pilar fundamental en la cotidianidad del templo. «Sigue participando en la vida de la comunidad y concelebrando ciertas misas«, explica el padre Mario Millardi, actual párroco de Santa Ana, quien a sus 78 años define a Schiavella como un ejemplo vivo de la espiritualidad fraterna.
Si su salud lo acompaña, el padre Gioele Schiavella alcanzará en 2028 el extraordinario e insólito hito de 90 años de vida religiosa, consolidando un legado de servicio silencioso que se ha convertido en inspiración para locales y visitantes en el corazón de la Santa Sede.




