De Britania a Soria, el increible viaje del «Souvenir Romano» que conecta el Muro de Adriano con los Celtíberos

El hallazgo de la «Copa de Berlanga» en tierras sorianas revela una historia de globalización antigua, donde veteranos de guerra regresaban a Hispania con objetos de prestigio tras servir en la frontera más remota del Imperio.
En el siglo II d.C., un soldado de origen celtíbero caminaba por los senderos de Berlanga del Duero, en la actual Soria, portando entre sus pertenencias un objeto que hoy, casi dos milenios después, ha puesto en jaque a la comunidad arqueológica internacional. Se trata de la Copa de Berlanga, un cuenco de bronce esmaltado que no solo es una obra de arte técnica, sino un testimonio material de los miles de kilómetros que recorrían los legionarios del Imperio romano.
Una pieza de una rareza excepcional

El objeto, estudiado recientemente por expertos del CSIC y el Museo Arqueológico Nacional, es un cuenco hemisférico decorado con esmaltes de colores vibrantes —rojo, turquesa, azul y verde— que forman un friso con torretas. Esta iconografía no es casual: representa el Muro de Adriano, la colosal frontera que separaba la civilización romana de las tribus del norte en Britania.
«La pieza es extremadamente rara; solo se conocían cuatro en todo el mundo y esta es la quinta. Es la única que se encuentra en España«, explica el arqueólogo Néstor Marqués, miembro del equipo de 3D STOA, encargado de la digitalización del hallazgo.
La huella de la Cohors I Celtiberorum
¿Cómo llegó un objeto fabricado en el norte de Gran Bretaña hasta el corazón de la península ibérica? La respuesta reside en las tropas auxiliares. La historia militar romana documenta la existencia de la Cohors I Celtiberorum, una unidad reclutada en Hispania y destinada a proteger los confines del imperio en el Muro de Adriano.
Los investigadores sostienen la hipótesis de que la copa fue un encargo de prestigio o un «souvenir» conmemorativo. Un veterano celtíbero, tras cumplir sus años de servicio en el frío clima británico, habría regresado a su hogar en Soria llevando consigo este cuenco como un símbolo de su estatus y de su pasado en la frontera.
Tecnología 3D para «desdoblar» la historia
Debido a que la copa fue hallada fragmentada, el equipo de arqueología y patrimonio recurrió a técnicas de vanguardia para su recuperación visual:
Fotogrametría de alta precisión: Se documentaron cada uno de los fragmentos.
Reconstrucción virtual: Gracias a la tecnología de 3D STOA, se logró «desdoblar» la copa, permitiendo ver el diseño completo y las inscripciones de los fuertes orientales del muro, algo que ninguna de las otras cuatro copas conocidas conserva con tal detalle.
Análisis químico: Mediante espectrometría, se confirmó que el bronce contiene zinc y plomo procedentes de minas galesas, datando la pieza con exactitud entre los años 124 y 150 d.C.
El contexto del hallazgo refuerza la importancia del sitio. Prospecciones con radar de penetración terrestre han revelado restos de una villa romana activa entre los siglos I y IV. Este complejo habitacional, situado cerca del actual núcleo urbano de Berlanga, sugiere que el propietario de la copa era un hombre de cierta relevancia económica, posiblemente un veterano que invirtió sus ahorros de jubilación militar en una explotación agrícola en su tierra natal.
Este «souvenir» romano es mucho más que un vaso decorado; es el recordatorio de que, incluso hace 1.800 años, las fronteras del mundo conocido estaban conectadas por los pasos de aquellos que, tras servir en el fin del mundo, siempre buscaban el camino de vuelta a casa.




