La parroquia de San José Escrivá de Balaguer recupera la tradición con una procesión que une los núcleos históricos y recrea la entrada triunfal de Jesús a lomos de un asno
El barrio de Campanar-Beniferri ha vivido este domingo uno de los arranques de Semana Santa más concurridos de los últimos años. Más de 1.500 personas se congregaron para participar en la procesión y posterior misa organizada por la parroquia de San José Escrivá de Balaguer, consolidando una tradición que apuesta por la recuperación del patrimonio histórico y la participación de la juventud.
Una estampa bíblica en el corazón de la ciudad
La jornada comenzó a media mañana en la Parroquia de Santiago Apóstol el Mayor, en Beniferri. Este enclave, un remanso de paz rodeado de alquerías que sobrevive entre las grandes avenidas de Valencia, sirvió como punto de partida. Tras la bendición de las palmas y ramas de olivo por parte del párroco, se inició una procesión que destacó por su carácter pintoresco y fiel a los relatos bíblicos.
El momento más simbólico fue la recreación de la entrada de Jesús en Jerusalén.
Un feligrés, encarnando la figura de Cristo, recorrió las calles a lomos de un burrito, acompañado por doce parroquianos vestidos como los apóstoles. Esta representación, que evoca humildad y paz, captó la atención de cientos de vecinos que se agolpaban en las aceras con palmas blancas.
Un recorrido entre la historia y la modernidad
El cortejo, encabezado por los inciensarios y la cruz, contó con una nutrida representación civil y religiosa:
Entidades locales: Participaron las Clavariesas de la zona, las comisiones falleras del barrio y los Guías y Scouts de Europa.
Autoridades: El acto contó con la presencia de la concejala de Pedanías, Julia Climent, y el alcalde pedáneo de Benimàmet-Beniferri.
La romería atravesó el núcleo histórico de Beniferri, cruzó el Jardín de Polifilo y pasó por las inmediaciones del Hospital Arnau de Vilanova hasta alcanzar la sede de San José Escrivá de Balaguer.
Éxito de convocatoria
Lo que comenzó hace años como una celebración modesta de apenas un centenar de personas, se ha transformado en un evento masivo. La misa posterior registró un lleno absoluto, con fieles ocupando pasillos y galerías superiores para escuchar la liturgia del Domingo de Ramos, marcada este año por una notable presencia de familias y jóvenes.
«Diferente y multitudinario» fueron los adjetivos más repetidos por los asistentes para describir una mañana en la que Valencia volvió a demostrar su fervor por las tradiciones de Semana Santa, fundiendo la fe religiosa con la identidad de sus barrios.














