El acusado, perteneciente a la orden de los Padres Blancos, mantuvo un engaño durante cinco años prometiendo una vida en común mientras residía en París a espaldas de la víctima
La Sección Décima de la Audiencia Provincial de Alicante acoge este martes un juicio que entrelaza la fe, las falsas promesas de amor y el fraude económico. La Fiscalía solicita una pena de tres años y medio de prisión para un sacerdote misionero de la congregación de los Padres Blancos, acusado de estafar 64.300 euros a una mujer con la que mantenía una relación a distancia bajo el pretexto de iniciar una vida juntos en España.
Un plan trazado desde Burkina Faso
La cronología de los hechos, según el escrito del Ministerio Público, se remonta a 2010. Lo que comenzó como una amistad por correo electrónico y WhatsApp entre el procesado —entonces residente en Burkina Faso— y la víctima, se consolidó en 2012 cuando ella viajó al país africano para asistir a su ordenación sacerdotal.
A partir de ese encuentro, la relación tomó un cariz sentimental. El acusado convenció supuestamente a la mujer de su intención de abandonar los hábitos para contraer matrimonio con ella en España. Sin embargo, la acusación sostiene que este plan era solo la fachada de un «ánimo de lucro ilícito».
El goteo de transferencias: del visado a la enfermedad
Durante un lustro, el misionero solicitó fondos de manera periódica bajo diversas excusas que la víctima, confiada en el proyecto de vida compartido, fue costeando:
Gestiones burocráticas: Gastos de visado para su traslado a España.
Emergencias médicas: Asistencia para él y supuestas ayudas a terceros.
Formación académica: Matrículas de estudios que, en teoría, agilizarían su salida de la orden.
El desenlace: una vida oculta en París
La trama se desmoronó cuando la mujer descubrió que el sacerdote no solo no tenía intención de viajar a España, sino que había abandonado África hacía tiempo para instalarse en París junto a su orden religiosa.
A pesar de que en 2019 se produjo una reunión entre la perjudicada, el acusado y sus superiores jerárquicos —donde el sacerdote reconoció la deuda y se comprometió a devolverla—, el incumplimiento de los plazos llevó a la mujer a interponer una querella que hoy lo sienta en el banquillo de los acusados por un delito de estafa.




