El Convento de El Palancar, considerado el convento más pequeño del mundo y profundamente vinculado a la figura de San Pedro de Alcántara, acogió este domingo 15 de marzo una multitudinaria edición del Vía Crucis diocesano de la Diócesis de Coria-Cáceres, que reunió a más de 600 participantes procedentes de los distintos arciprestazgos
La jornada, celebrada bajo un espléndido sol que anticipaba la primavera, dio comienzo a las 17:00 horas en Pedroso de Acím con el rezo del Vía Crucis preparado por los franciscanos con textos de San Francisco de Asís, con motivo del 800 aniversario del Tránsito de San Francisco. El ambiente estuvo marcado por el recogimiento, la oración y la convivencia fraterna entre los fieles durante casi dos horas a lo largo del camino que conduce al histórico enclave franciscano.
El Vía Crucis concluyó con la Eucaristía en la iglesia anexa al convento, presidida por el obispo diocesano, Mons. Jesús Pulido Arriero, quien centró su homilía en la necesidad de ir más allá de lo superficial en la vivencia de la fe.
“El evangelio de hoy nos enseña algo importante: distinguir entre milagro y signo”, afirmó el prelado, subrayando que “si nos quedamos mirando solo al dedo, al milagro, nos perderemos el signo”. En este sentido, recordó que “no se trata solo de que el ciego vea, sino de que Jesús es la luz del mundo, que ilumina a toda persona”.
Mons. Pulido invitó a los presentes a vivir el Vía Crucis con profundidad espiritual, evitando quedarse en una emoción pasajera: “Tras rezar este viacrucis no basta con conmovernos al ver a Jesús muerto en la cruz. No basta con sentir compasión… sino llegar a plantearnos en nuestra vida por qué vale la pena entregarla”.
Durante la homilía, el obispo recurrió también a un relato de San Francisco de Asís para ilustrar la necesidad del desprendimiento. Recordó cómo el santo llegó a quemar un cesto que él mismo había elaborado al darse cuenta de que le distraía de Dios, destacando que “ese sentimiento se interponía entre Dios y él: no le dejaba amar a Dios sobre todas las cosas”.
En esta línea, insistió en la importancia de la libertad interior: “Nada más lamentable que una comunidad ociosa, pero la ocupación no lo es todo… puede esclavizarnos cada vez que nos dejamos acaparar por la actividad y nos olvidamos de adorar al Dios vivo”.
El prelado aplicó esta enseñanza a la vida cotidiana de los fieles, señalando que “ese cesto es también el signo de nuestra vida, que vamos tejiendo día a día… y que un día pasará”, invitando a preguntarse “en qué ponemos nuestro corazón”.
Asimismo, advirtió sobre los riesgos de una sociedad alejada de Dios: “Un mundo sin Dios… será siempre un mundo abocado a la guerra y a la violencia”, frente a lo cual llamó a recuperar una mirada trascendente.
Finalmente, Mons. Pulido concluyó recordando el ejemplo de Cristo: “El Hijo de Dios se desprendió primero de su divinidad… y luego de su vida en la cruz”, invitando a los fieles a vivir con esa misma confianza y entrega.
Una tradición consolidada en la diócesis
El Vía Crucis diocesano al Palancar es una cita ya arraigada en el calendario cuaresmal desde su inicio en 1999, con motivo del V Centenario del nacimiento de San Pedro de Alcántara. A lo largo de los años ha mantenido una alta participación, siendo suspendido únicamente en 2020 debido a la pandemia.
La edición de este año se enmarca además en el Año Jubilar Franciscano, un tiempo de gracia que invita a profundizar en la espiritualidad de San Francisco de Asís y a renovar la vida cristiana a través de la conversión, la penitencia y la caridad.
Tanto el Convento de El Palancar como el Convento Madre de Dios de Coria han sido designados como lugares jubilares, donde los fieles pueden obtener la indulgencia plenaria cumpliendo las condiciones establecidas por la Iglesia.
Un signo de comunión y fe compartida
La jornada volvió a poner de manifiesto el fuerte arraigo de esta tradición en la diócesis y su valor como signo visible de comunión eclesial. Parroquias, movimientos y asociaciones caminaron unidos en una celebración que aúna fe, tradición y convivencia. Con esta nueva edición, la Diócesis de Coria-Cáceres invita nuevamente a vivir la Cuaresma como un tiempo de conversión y encuentro con Dios, siguiendo el ejemplo de oración, pobreza y sencillez de San Pedro de Alcántara en el singular enclave de El Palancar.





