Tras un concurso internacional que recibió más de mil propuestas, la obra del joven artista suizo se integra en el corazón de la cristiandad para conmemorar los 400 años de la dedicación del templo
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En un acto que fusiona la tradición litúrgica con la renovación estética, el cardenal Mauro Gambetti inauguró el pasado viernes 20 de febrero el nuevo Vía Crucis de la Basílica de San Pedro. Las catorce estaciones, obra del pintor suizo Manuel Andreas Dürr, se despliegan ahora a lo largo de la nave central y el Altar de la Confesión, ofreciendo a fieles y visitantes un itinerario de meditación plástica que conecta el arte contemporáneo con la historia milenaria del templo.
Un proceso de selección global
La llegada de estos lienzos no es casual. Se enmarca en las celebraciones por el 400 aniversario de la dedicación de la Basílica (1626-2026). El secretario de la Fábrica de San Pedro, monseñor Orazio Pepe, destacó el éxito de la convocatoria:
Participación récord: Más de 1,000 candidaturas de 80 países.
Presencia femenina: Casi el 48% de los artistas participantes fueron mujeres.
Decisión unánime: La propuesta de Dürr (nacido en 1989) convenció al jurado por su «equilibrio y fuerza expresiva«.
El estilo: Entre la tradición toscana y el realismo europeo
La formación de Dürr en la Academia de Bellas Artes de Florencia es palpable en cada pincelada. La crítica destaca una «claridad estructural» que recuerda a Miguel Ángel y una sobriedad narrativa heredada de Giotto.
Los lienzos no solo dialogan con la historia del arte, sino con el propio edificio. La paleta de colores —compuesta por ocres cálidos, grises y azules profundos— fue diseñada para armonizar con los mármoles y mosaicos del pavimento de la Basílica. Según expertos, la obra presenta una «consistencia física» donde la madera de la cruz y las piedras del camino invitan a una espiritualidad tangible.
El estreno de las obras coincidió con el inicio de la Cuaresma. El cardenal Gambetti subrayó que este Vía Crucis permite a los peregrinos «caminar con Jesús hacia la Resurrección«. Las pinturas, protegidas por marcos artesanales creados en la propia Fábrica de San Pedro, permanecerán expuestas cada viernes para acompañar el rezo oficial en el Vaticano.
«El dolor se confía a la medida y a la luz. Es una pintura esencial capaz de generar recogimiento en un entorno monumental«, concluyó el purpurado durante la ceremonia.


